Al menos dos centenares de ciudadanos y residentes de los Estados Unidos que no salieron de Afganistán después de la partida del último avión hacia América intentaban dejar aquel país, en el marco de una polémica con Joe Biden.

El mandatario norteamericano había anunciado que ellos continuaban voluntariamente en suelo afgano, pero ahora muchos acusan a su  gobierno de haberlos abandonado.

A la sombra de este caso, quienes no cuentan con un pasaporte estadounidense viven el drama de tratar de huir del país en la frontera terrestre con Pakistán.

Grupos de refugiados citados por el diario 'The New York Times' señalan que cientos, y posiblemente miles, de titulares de Green Cards (tarjetas de residencia permanente en los Estados Unidos) se han quedado atrás.

El presidente Joe Biden arriesgó sus números y calculó en cambio que se trata de entre 100 y 200 personas.

Pero detrás de las cifras están las historias de familias que, desde el miedo, acusan a Washington de haberlos abandonado, remarca el sitio France24.com

El sitio francés rescata la historia de Javed Habibi, un electricista afgano que llegó a Richmond, Virginia, en 2015 con una visa especial y luego se convirtió en residente permanente. 

Cuenta que incluso en los últimos días de la caótica evacuación en el Aeropuerto Internacional de Hamid Karzai, en Kabul, recibió llamadas del Gobierno de los Estados Unidos en las que funcionarios le prometieron que los sacarían del país tanto a él como a su esposa y cuatro hijas.

Sin embargo, el pasado 30 de agosto su el temor se apoderó de él cuando sorpresivamente las autoridades estadounidenses dieron por terminadas las evacuaciones, un día antes de lo previsto. Los últimos vuelos ya habían partido y los insurgentes del grupo Talibán celebraban con disparos en las calles. "Nos mintieron", sostuvo Habibi a la agencia de noticias AP, apuntando a la Administración de Biden.

Habibi había regresado a su país el pasado 22 de junio para una visita familiar, su vuelo de regreso estaba programado para el 31 de agosto y no imaginaba que quedaría atrapado en medio del control del grupo Talibán, cuyos miembros, según varios denunciantes, han buscado casa por casa a personas que tuvieron alguna relación con Occidente en los 20 años de ocupación.

El hombre afirmó, además, que al menos en dos ocasiones se acercó a la puerta de la terminal aérea donde escanearon su pasaporte, pero se le negó la entrada. Entonces, gritó a los soldados estadounidenses, mientras agitaba sus documentos. "¿Qué significa esta Green Card? Nada. No hicieron nada", reclamó.

Durante sus discursos en la etapa final de las evacuaciones, el mandatario estadounidense aseguró que todo aquel que tuviera un pasaporte estadounidense o documentos que pudieran probar su residencia legal en los Estados Unidos tenía derecho a abordar los aviones que sacaron a miles de personas en medio del frenesí.

El sitio informativo cita varios casos más: personas que se vieron demoradas por el caos o, simplemente, quedaron olvidadas después de que les dieron cita para pasarlos a buscar pero eso no ocurrió.

"Estoy frustrado y enojado" con los funcionarios estadounidenses. "Todo el tiempo dicen 'estamos trabajando en eso, estamos trabajando en eso', pero luego, nada", es una de las quejas que reproduce el informe.

Este jueves, Victoria Nuland, subsecretaria de Estado de los Estados Unidos para asuntos políticos, declaró que todos los ciudadanos   estadounidenses y residentes permanentes legales que no pudieron obtener vuelos de evacuación o quedaron varados habían sido   contactados individualmente en las últimas 24 horas. A ellos se les dijo que esperaran nueva información sobre rutas de salida una vez que estas se hayan organizado.

Pero aún es incierto cuándo se reanudarán los vuelos, especialmente luego de que los talibanes pasaron a controlar también el aeropuerto.

Otra historia es intentar salir de Afganistán vía Pakistán. El cruce de Torkham, ahora tripulado en el lado afgano por los talibanes armados, ha  sido durante mucho tiempo el más transitado entre los dos países, pero desde el mes pasado ha experimentado un fuerte descenso en el  número de personas que pueden cruzar, debido a la imposición de controles más estrictos.

Del otro lado, las autoridades paquistaníes sostienen que por razones de seguridad toman medidas drásticas que limitan el movimiento  fronterizo, que pasó de un promedio de entre 7.000 y 8.000 cruces diarios en marzo y abril a solo 85 en agosto.

Todo ello pese a que la ONU hizo un llamado a las naciones vecinas para que abrieran sus fronteras y permitieran al paso a quienes huyen  desesperados de los extremistas en suelo afgano.

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