Publicado el 10 de Julio de 2022 - 02:21 | Última actualización: 13 de Julio de 2022 - 16:07

Jean Pierre Noher: "Estoy muy selectivo con mi trabajo; digo que no muchas veces"

Con un larga trayectoria en cine, teatro y TV, el actor franco-argentino reconoce que recién ahora se da el lujo de elegir los proyectos que más le gustan, como su reciente regreso a las tablas con El cazador y el buen nazi

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El actor volvió a subirse a las tablas luego de muchos años dedicado a la industria audiovisual. El actor volvió a subirse a las tablas luego de muchos años dedicado a la industria audiovisual. Redes sociales.

Ante las dificultades que impuso la pandemia, las comedias coparon el teatro comercial con la excusa de que el público solo quiere volver a reír. Sin embargo, Jean Pierre Noher (66) es testigo de que un drama histórico también puede tener una buena convocatoria. Cada lunes se sube al escenario de El Tinglado junto a Ernesto Claudio, su gran amigo, para protagonizar El cazador y el buen nazi, una obra de Mario Diament en el que interpretan al cazador de nazis Simón Wiesenthal y Albert Speer, ministro de Armamentos de Hitler, respectivamente.

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"Creo que todos nos sentimos un poco involucrados, porque todos somos sobrevivientes... de holocaustos pasados y holocaustos presentes. Con la pandemia hemos pasado por situaciones muy difíciles y eso hace que haya una sensibilidad particular, diferente", explica el actor sobre las repercusiones del proyecto dirigido por Daniel Marcove.

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Pero más allá de los motivos que interpelan y emocionan a cada espectador, a Jean Pierre lo une una historia personal a este proyecto. "Cuando leí el guión, sentí que era un homenaje a mis raíces", explica, porque si bien al principio estaba negado y creía que el teatro no encajaba en su presente laboral, la temática de la obra lo lleva a pensar en sus abuelos, quienes fueron asesinados en un campo de concentración, y en su papá, quien pudo escapar del horror cuando tenía 13 años.

¿Hablabas con tu papá de lo que le tocó vivir?

-No, era un tema el que no se hablaba. Nunca se victimizó. Increíblemente, huyó de los campos de concentración a los 13 años, vestido de monaguillo, salvado por curas que lo llevaron junto a otros chicos a los que los padres los entregaron y luego murieron en la cámara de gas. Muchas de las cosas las sé por mi mamá, que me las contó, y hace poco conocí la versión exacta de cómo fue, porque hubo un vacío legal que duró menos de una semana por el que los curas pudieron sacar a 112 chicos  de un campo de concentración cerca de Lyon, en Francia. Y así fue como pudo salvarse, después tuvo toda una historia increíble, digna de una película, como la de todos los sobrevivientes.

¿Pensaste en hacer algo a nivel artístico con su experiencia?

-Hice un disco de música francesa hace tres años que se llama Her o Noher. En ese espectáculo, unido con canciones, clásicos de los años 70, iba contando la historia de mi papá con un pequeño documental en el medio. El nombre tiene que ver con el "ser o no ser", de Hamlet, y ese punto en el que mi viejo está dentro de un auto por salir de un campo de concentración. Es un homenaje a lo que pasó y a lo que fue el devenir de nuestra familia, porque si lo pienso con mi hijo -el actor Michel Noher- y con mi nieto -Antón, hijo de Michel con Celeste Cid-, es increíble.

Más allá de la tensión que se mantiene a lo largo de la obra, también hay momentos de humor en los que se nota la complicidad que manejan con Ernesto en escena.

-Erni es un amigo de toda la vida. Estudiamos ocho años con Agustín Alezzo y recién ahora es la primera vez que trabajamos juntos. Cuando desde el escenario vemos que el público se sonríe, nos llena de satisfacción. Es como dice Wiesenthal: ¿qué sería de los judíos sin el humor? es como la miel que uno le agrega a algo que tiene un gusto desagradable. Hoy por hoy, todos necesitamos del humor para poder sobrellevar algunas situaciones y la obra encuentra una forma irónica y amable de decir cosas muy fuertes y descomprimir la tensión. Se hace llevadera.

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Interpretaste a Jorge Luis Borges, a Guillermo Coppola, pronto te vamos a ver como el expresidente Fernando de la Rúa y en teatro hacés a Wiesenthal, ¿cómo es la experiencia de abordar personajes que existen o existieron?

Es algo que me encanta hacer. Este caso es completamente diferente, porque es teatro y porque no me parezco en nada a Simón, que era una persona obesa y pelada, pero buscamos su línea de pensamiento, su humor, su acento. A los actores no nos gusta imitar, por lo general, nos gusta recrear, por eso me nutro viendo entrevistas, leyendo sobre cada personaje y después hago mi propia versión. Sobre todo porque uno conoce lo público de cada uno de estos personajes, pero por lo general me toca representar cosas de su vida privada, que la gente desconoce.

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Hace muchos años que te dividís tu tiempo entre Argentina y Brasil, mayormente, por tu trabajo. ¿Cómo te organizás con el teatro?

-Hasta el año 2000, hacía una o dos obras de teatro por año, nunca paré. Pero a partir de ahí, se me abrió el mercado brasileño con la película Un amor de Borges y empecé a hacer novelas y series allá. Estuve casi 20 años yendo y viniendo, a veces estando mucho más tiempo en Brasil. Después empezó a pesarme, sobre todo después del nacimiento de mi nieto, porque por más que parece re divertido estar allá, con el mar y las palmeras, conlleva a mucha soledad, con muchas parejas que quedaron en el camino. Justo había terminado de grabar la serie Las hijas de Eva antes de que empezara la pandemia y ahora por suerte estoy en un momento en el que puedo elegir qué hacer y al tener función los lunes, me da la posibilidad de organizarme con otras cosas.

¿No pudiste darte el lujo de elegir a lo largo de tantos años de trayectoria?

-Estoy muy selectivo con mi trabajo; digo que no muchas veces. No tiene que ver con lo económico, es otra cosa y me encanta que sea así. Mi maestro, Alezzo, decía que la carrera del actor se arma diciendo que no y yo me la pasé diciendo que sí (se ríe). Como dice mi amigo el Puma Goity, hicimos de todo para subsistir, para vivir: todos los bolos, entregamos casettes, VHS y está bueno poder elegir lo que tenemos ganas de hacer. Obviamente nadie se va a volver millonario por hacer una función por semana, pero el alma está llena.

-¿Cómo sigue tu año?

-Acabo de grabar una participación en El amor después del amor, la serie de Fito Páez, pero no puedo dar detalles. También una película brasileña, que es una coproducción con Francia,  la segunda temporada de Las hijas de Eva y pronto se va a estrenar Diciembre de 2001. No me puedo quejar.

Escrito por
NA - Buenos Aires, Argentina