Como ocurría en un episodio de Black Mirror, donde se veía que en un futuro distópico las personas seríamos capaces de bloquearnos entre nosotras, tal cual sucede en las redes, pero en este caso en la vida real, en el marco de la creciente “cultura de la cancelación” algo así sucede a diario a través de las redes social con efectos directos en nuestra vida real.

El acto de “cancelar” a alguien a través de las redes es una forma de invalidar sus opiniones y su presencia en casi todas las áreas sociales de su vida.

¿Las causas? Puede ser que por haber hecho una publicación de un comentario determinado o brindar apoyo a una postura ideológica (ya sea partidaria o no) de en un tema puntual que, en ciertas fracciones sociales (no siempre se trata de las mayorías) resulta inaceptable, seas cancelado.

Ocurre en personas famosas y anónimas y depende principalmente de la velocidad en que se viralice ese comentario o foto que desató la polémica. Debido a su alcance masivo, por un comentario desafortunado alguien, incluso, puede perder su empleo por riesgo de “manchar” el nombre de la compañía.

Sufrir ese ninguneo o tipo de cancelación en los espacios virtuales, en la generalidad de los casos se vive como algo del orden de lo real.  Es que, como cuenta a NA la psicóloga con perspectiva de Género Carolina Pena, el efecto de la cancelación en el plano digital impacta en la salud mental de manera real. “Si no soy aceptado/a significa que no soy. Nuestras virtudes, y en general nuestra existencia, se mide en likes y en reconocimiento por parte de otras personas que, muchas veces, ni siquiera conozco verdaderamente”.

Y lo detalla así: “Además de la crianza que recibimos, hoy en día la tecnología digital y las redes sociales se inyectan en nuestra existencia de forma muy naturalizada. Para cualquier joven es usual juntarse con pares y estar navegando en las redes cada uno por su lado. Es una forma de vincularnos instalada, sobre todo en las nuevas generaciones, que va creciendo y construyendo subjetividad e identidad en el marco de estos nuevos parámetros. Por eso no hay que minimizarlo y dejar de lado el riesgo que conlleva la cada vez más presente cultura de cancelación”.

Qué es la cultura de la cancelación

Se trata de un fenómeno que nace en el ámbito digital (pero lo trasciende) y que puede tener repercusiones muy graves. La llamada “cultura de la cancelación” se vive a diario en las redes sociales con consecuencias graves en la vida real de las personas que son “canceladas”. En los casos más graves, que ocurren cuando hay amenazas y deseos de muerte, las personas son silenciadas o mejor dicho “anuladas”, para dar respuesta a un pensamiento que, por más polémica que pudiera despertar, surge como “lo distinto”.

En este sentido, Pena observa con preocupación que “no hay lugar para lo diferente y que toda diferencia busca ser anulada. Con lo distinto no dialogo, lo elimino”.

Un grave peligro que pareciera crecer cuando la cadena de “ninguneos” se potencia es que, bajo el manto del “pensamiento único”, es decir de lo que “está bien” y lo que “está mal”, a quien se sale de los límites establecidos directamente se lo cancela.

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Un discurso dominante y uno que se cancela

La búsqueda por la polarización de ideas o pensamientos en las redes sociales (como ocurre en la vida real) no es ingenua; hay un discurso dominante que gana, y el que pierde debe ser silenciado. Anulado. No hay discusión posible en ese terreno, porque ni siquiera eso se busca. El debate abre la posibilidad de escuchar al otro, y con eso de legitimar su pensamiento, de ponerlo al mismo nivel. Pero, en la cultura de la cancelación, lo que “está mal” no tiene lugar para expresarse.

Asimismo, la experta consultada resalta que, “en la lógica hater no hay posibilidad de debate ni apertura al diálogo constructivo con quienes se discute. Sencillamente, hay de forma casi compulsiva, donde no hay lugar para la empatía ni por la palabra, un descargo de odio y muchas veces de violencia. Sin límites. Sin medida. Sin reflexión sobre las potenciales implicancias que eso puede tener en la persona que lo recibe”.

Antes de ejercer la cancelación propiamente dicha, en la “previa” –a veces de manera lenta y otras veces, abrupta- se ve claramente con cada nuevo comentario cómo se refuerza la incapacidad para discutir respecto un tema, una idea o un pensamiento.

Por su parte, el “ninguneo”, al que se lo define generalmente como el acto de ignorar y menospreciar lo que dice o hace una determinada persona, está en las bases de la cultura de la cancelación, sosteniendo este delicado modo de operar.

Cultura de la cancelación: qué efectos provoca y cómo evitarlo

El anonimato y el poder que eso otorga

Tras el anonimato y el resguardo cobarde que nos dan las redes, miles de infancias, adolescentes y personas adultas, al recibir insultos y/o malos tratos virtuales, es afectada su autoestima al igual que la confianza y la seguridad en sí mismas”, asegura Pena

Por más cuestionables que sean cientos de declaraciones y comentarios ofensivos que observamos a diario, no debería servir de excusa para emitir una “sentencia” pública, quitando la presunción de inocencia y a riesgo de que esa persona quede con consecuencias irreparables en la vida real (desde la pérdida de un empleo, trastornos psicológicos, o ruptura de vínculos pertenecientes a la vida real).

¿Cómo educar por fuera de esta cultura cancelatoria? “No veo otro camino posible para revertir esto que la implementación de la ESI en todos los ámbitos y momentos vitales de las personas. Sea cual sea su edad, comenzando desde el nacimiento. Porque la ESI no nos habla sólo de sexualidad. La ESI nos enseña de respeto y empatía con lo diverso, de prevención de la violencia, de expresar las emociones y que nuestras libertades no choquen con los derechos de los demás”, finaliza Pena.

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