Todos dicen que los jóvenes son el futuro. Tienen razón, pero son el futuro si tienen presente. Y por eso tenemos que fijarnos como una de las prioridades lograr que mejore la situación actual de los jóvenes y de las jóvenes en Argentina.

Las cifras muestran que no estamos frente al mayor éxodo de la historia de nuestro país, pero sí es evidente que vivimos una situación difícil y que hay una parte importante de jóvenes que siente que acá no tiene futuro y por eso quiere buscar ganar experiencia en el exterior.

Hay muchos pibas y pibes que no terminan la secundaria, la mitad de los jóvenes la tienen muy complicada.

Hay más pobreza en los jóvenes que en el resto de la población; y hay más trabajo informal en los jóvenes que en el resto de la población.

El último Bono de Refuerzo Alimentario que otorgó el Gobierno nacional para los que no tienen nada (ni trabajo formal ni apoyo estatal) terminó llegando a más de un millón de argentinos. Y más de un tercio (el 35%) de quienes lo recibieron fueron jóvenes de entre 18 y 29 años.

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Ahí está, en mi opinión, el desafío principal de nuestro país: darles oportunidades a los jóvenes.

Algunos están un poco mejor y consiguen trabajo, que muchas veces es trabajo precario, con una motito, una bici, para ir de un lado a otro, ser monotributista y ganar el manguito hasta ahí y no mucho más.

Hay jóvenes que terminan la escuela secundaria y logran estudiar en la universidad, en las últimas décadas potenciados por esa gran oportunidad que brindan las nuevas universidades ubicadas en las periferias de los grandes centros urbanos.

Pero aun en ellos se observa cierta desazón, cierto desánimo. Los jóvenes son los que la pasan peor, los que tienen menos chances y los más estigmatizados.

Son los que, en muchos casos, sienten que el país no les da oportunidades y sueñan con estar en otro lado. Muchos de ellos sienten que acá no va la cosa, que afuera tienen más posibilidades, que parecen vivir en un loop eterno, en un permanente "Día de la Marmota".

El mejor camino para salir de esta situación es reconstruir la idea de que en la Argentina le va bien al que trabaja y al que estudia, de que es posible la movilidad social ascendente.

Para convencer a las juventudes de que este es el país en el que tendrán las mejores oportunidades, necesitamos primero dar ejemplo y tenemos que empezar los dirigentes, la clase política: dar ejemplo de conducta, de transparencia y trabajar para construir un conjunto de políticas que duren en el tiempo, que trasciendan a un gobierno.

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Hay que rescatar lo positivo, nuestro país tiene muchos problemas, pero también tiene recursos humanos y económicos, capacidades y condiciones muy potentes.

La Argentina va a crecer en los próximos años: tiene alimentos, energía, litio, economía del conocimiento. Tiene personas reconocidas en todo el mundo por su capacidad y su talento.

Y esta combinación, entre ejemplaridad, pensar en positivo, el potencial de desarrollo económico que tiene el país, las posibilidades de generar arraigo, son cuestiones centrales para que los jóvenes tengan en cuenta.

Entiendo a aquellos que tienen dudas, que sienten que el país está condenado a chocar contra las mismas piedras, pero en la Argentina estamos frente a una nueva gran oportunidad.

Hay políticas y programas estatales que ayudan a la inclusión, como las Becas Progresar, que son una herramienta fundamental para que miles de jóvenes terminen la secundaria, avancen en estudios superiores y se formen en oficios. Yo mismo presenté en 2022 distintos proyectos de ley que apuntan en esa línea.

La iniciativa del Régimen de Promoción del Empleo Joven propone generar condiciones para crear empleo a gran escala y otorgar créditos a tasas subsidiadas a emprendimientos; cooperativas; MiPyMes y jóvenes profesionales.

Con el proyecto de ampliación y creación de Escuelas Municipales de Oficios buscamos garantizar el derecho a la formación laboral de 4.500.000 argentinas y argentinos.

Y por medio del proyecto Conectar ciencia, Tecnología e Innovación apuntamos a preparar desde las escuelas secundarias a nuestras pibas y pibes para las nuevas realidades laborales; y para que las aulas y los laboratorios del nivel medio sean el lugar para comenzar a formar la nueva generación de científicas y científicos de la Argentina del siglo XXI.

Necesitamos una verdadera cruzada de la política, de la sociedad y de las empresas que ponga prioridad en generar oportunidades laborales, educativas y de sentido de vida para los jóvenes que sienten que nadie los mira y que nada se puede esperar.

Si no lo hacemos, los quiebres se van a profundizar en nuestro país y se van a ampliar aún más la desazón, el malestar y el discurso de extrema derecha.

Para eso, tenemos que construir un mejor presente. Tenemos que acompañar a los jóvenes y a las jóvenes de la Argentina. Van a tener futuro si mejoramos el presente. Mi compromiso como diputado es ayudar a mejorar el presente.

(*) - Daniel Arroyo es diputado nacional y ex ministro de Desarrollo Social.