“En el oeste está el agite” canta en uno de sus temas más emblemáticos de Divididos. Algo tiene ese oeste que no solo engendra bandas de rock sino también buenas historias que se plasman en pantalla. Y algo de eso sabe el director Eduardo Pinto, un hombre que viene de Moreno. El realizador encontró una estética transitando desde adolescente por esos lugares sin asfalto donde la caída del sol se mezcla con fogatas de basura.

Fue en los viajes en el tren Sarmiento de Moreno a Miserere y de Miserere a Moreno cuando entre pasajeros agotados de realidad supo que quería contar la historia de olvidados, esos “personajes perdedores, oscuros y/o periféricos, que en los horarios de mayor rating no aparecen”, como declara.

En sus comienzos como técnico de cine y director de fotografía, Pinto trabajó en Donde cae el sol de Gustavo Fontan, Ángel la diva y yo de Pablo Nisenson, El origen de la tristeza de Oscar Frenkel. Polifacético dirigió y fotografió más de ciento cincuenta videoclips para artistas argentinos y extranjeros y ganó el MTV Awards por Color Esperanza de Diego Torres. De la música pasó a dirigir el documental Buen día día sobre la vida de Miguel Abuelo estrenado en Bafici. Su película Palermo Hollywood fue seleccionada para el Sundance 05 y se reestrenó hace cuatro años en Netflix.

Las nubes es su último trabajo, un policial de diablos y ángeles, de bandidos armados y de esos otros que sin armas ampara la ley. Un thriller que trata de gente libre que no es tan libre, de decisiones y de ambiciones, con Guillermo Zapata como protagonista, acompañado por la solvencia de Diego Cremonesi y una Andrea Rincón que vuelve a brillar como actriz.

- ¿Cómo surge esta historia?

- Nace por una necesidad de filmar, de hacer algo juntos con Guillermo Zapata. Nos conocimos hace 30 años trabajando en una serie española. Él era protagonista -junto a Sancho Gracia, Luis Brandoni y Javier Bardem- y yo era reflectorista, y ya en ese entonces decíamos que queríamos filmar algo. Diez años después estuvimos a punto de lograrlo, pero el proyecto no prosperó. Hasta que apareció Las nubes. Guillermo trajo la idea que había pensado con su amigo Diego Ramos, la leí y empecé a desarrollar, y trabajar el guion. Después de un año y medio decidimos hacer la película de forma independiente.

El elenco es el sueño de muchos directores. Participan Luciano Cáceres, Leonor Manso, Patricio Contreras, Alberto Ajaka, Daniel Fanego… Con mi hermano Pablo tenemos una productora y Luciano Cáceres colabora con nosotros. Con él trabajamos en películas como El desarmadero, Corralón. Por otro lado, desde los actores quieren participar en nuestros proyectos porque son películas sociales y artísticas. Hay como un interés siempre de estar y colaborar como Fanego, que estuvo en La sabiduría, una película anterior. Con Leonor y Patricio también ya trabajamos en otros proyectos. Con todos ellos uno siente que más que un grupo de artistas somos una familia.
Es muy interesante el rol de Andrea Rincón. Sin perder su sensualidad compone un personaje fuerte y personal. 

- ¿Cómo fue crear a Tamara? 

- Escribí ese personaje pensando en ella. Fue la primera vez que me pasó escribir pensado en la actriz. Al escribir yo considero las capacidades de los artistas y Andrea es una gran artista. Busqué revalorizar su lado artístico por sobre el de sex symbol, sabía que iba a funcionar y funcionó.

- ¿Tu estilo narrativo se enmarca en una construcción audiovisual?

- Mis películas tienen esa característica. Lo audiovisual en el relato y el lenguaje cinematográfico está llevado al máximo. En el cine argentino muchas veces lo que se valora es lo que se agarra en el texto, como en el teatro. Pero el cine que me gusta a mi es una obra audiovisual, donde el sonido, la música, los efectos sonoros, más las imágenes, la fotografía y el encuadre tendrían que ser suficiente para narrar, para contar. Me gustan esas pelis, y todas las películas que están dentro de eso. Lo primero que dicen a veces es “qué buena fotografía” y no es la fotografía es el lenguaje, es el encuadre, es la luz, es el sonido. No estamos acostumbrados a ver este tipo de películas donde la imagen narre tanto como el texto.

- ¿Hay una influencia de tu pasado como director de videoclip?

- Soy fotógrafo y director de videoclip, un formato donde en tres minutos tenías que contar algo. Pero de esos tres minutos que dura la canción, hay solo un minuto que el espectador va a recordar. Ese es un ejercicio que yo tomé y aproveché del videoclip. En tres minutos contar una historia, una sensación, una emoción, y el cine es eso.  Leonardo Favio decía que cada dos o tres minutos hay que darle una información al público, algo nuevo, no repetir. Eso me quedó grabado.

- En tu cine se ve una predilección por los personajes olvidados 

- Nací en Moreno, a los 15 me tomaba el tren para ver películas y siempre me detuve en estos personajes que están en la calle, que no tienen voz. Puede ser que, en algún momento, algún movimiento político haya hablado por ellos, pero en lo audiovisual son olvidados, están al margen de lo que se ve en las películas. No se cuentan sus historias y esas son las que a mí me interesan. En los afiches de Taxi Driver había un texto que dice: “En cada calle, en cada lugar, hay un personaje olvidado, desesperado por demostrar que existe”. Esa frase me la anoté en una agenda a los 20 años y dije que quería contar estas historias. En todas que filmo son personajes que están en situaciones límite o no son aceptados socialmente.

- En Las Nubes plasmás una mirada política, pero sin una bajada de línea, ¿cómo lo conseguiste?

- Todas mis películas poseen una mirada social y también política. En este caso es como una cebolla llena de capas. Una de esas capas es la crítica al sistema político actual donde se enarbola la libertad bajo precios terribles.

La peli expone que estos ladrones roban el dinero sucio de la democracia. Le roban a una familia de sojeros que venden soja a Paraguay, a un sindicalista que guarda dinero sucio en su casa. Me parece que la película tiene una crítica social y política y sin caer en la propaganda de un lado o de otro que es algo que a mí no me interesa, tal vez sí una crítica más a un sistema.

- Comienza el camino de los festivales ¿cómo será recibida?

- El 7 de mayo se proyecta en Bilbao, luego vamos Toledo y otros festivales. Busco que, aunque sean países con realidades distintas transmitir experiencias que son universales, que se vean situaciones que suceden en la Argentina pero que podría ocurrir en cualquier otra parte del mundo. 

- En el año 2022 dirigiste la serie Selenkay para Disney, el largometraje El ático filmado en Madrid y en 2023 Las nubes. ¿Para dirigir se debe ser multiproyectos?

- Los que me conocen me preguntan cómo hago. No paro. Pero fue un momento que se dio así. Fue un año de trabajar y ahora este es otro de vidriera, de mostrar los trabajos. Estoy siempre produciendo, trabajando, buscando ideas, productores. A mí lo que me interesa es filmar y generar obra cinematográfica.

- ¿Cómo se logra que esa obra sea redituable?

- Hago las películas que hago conectado con el espectador. Busco que le llegue, que sea interesante. Hay películas que devuelven y otras no ganás nada, hay proyectos más redituables que otros. Pero no hacemos cine por dinero sino por la necesidad de contar buenas historias.

- Hasta hace unos años teníamos pocos directores argentinos pero mucho público que elegía el cine argentino en las salas. Ahora hay muchos directores, pero poco público ¿qué pasó?

- Tal vez a partir del celular, las plataformas, la tele se modificaron las costumbres. La pandemia además generó el hábito de quedarse en casa viendo una película. Sin embargo, es una programación programada para el espectador por otros. En cambio, uno en el cine sigue siendo el propio programador. Voy los sábados y las salas están llenas. El cine sigue siendo el punto más alto para ver una obra. Todo lo demás es inferior. Aunque la plataforma te mantiene la película viva. En Netflix está Palermo Hollywood y tiene veinte años esa película.