Publicado el 26 de Junio de 2022 - 06:32 | Última actualización: 26 de Junio de 2022 - 10:44

Mateo Salvatto: “Me da bronca cuando en las redes se ponen a bardear a los empresarios”

El joven emprendedor critica al sector público por el fracaso económico pero también pone el foco en la diferencia entre los “clásicos” y modernos del empresariado privado. En qué “futuro unicornio” está invirtiendo hoy.

Por Diego Landi
Mateo Salvatto tiene 23 años. Creó Háblalo, una app capaz de subtitular el mundo para quienes no pueden oír y tienen problemas de comunicación. Mateo Salvatto tiene 23 años. Creó Háblalo, una app capaz de subtitular el mundo para quienes no pueden oír y tienen problemas de comunicación.

Dice que está muy “concentrado” en hacer crecer su proyecto Háblalo, que empezó hace 5 años y que en 2020 estuvo a punto de fundirse. Desde su monoambiente de Belgrano, en el que recibió a Noticias Argentinas, Mateo Salvatto, emprendedor tecnológico de apenas 23 años, declara que tiene “un grave problema” para quedarse quieto y que tiene en vista más productos e inversiones.

Es CEO de su propio empresa Asteroid, ya tiene un libro en su haber llamado “La batalla del futuro” (es en coautoría con su hermano Augusto) y una faceta de divulgador y docente en la ORT, donde estudió y da clases para los que quieren aprender a emprender.

Fue campeón nacional de internacional de robótica deportiva, está muy empapado con todo lo que tiene que ver con inteligencia artificial, pero no le escapa a opinar y discutir de política, economía, finanzas y la caída de las criptomonedas. Muchas veces, dice, lo “matan” en las redes, pero sabe las reglas del juego y enfrenta las críticas que cosecha con sus comentarios “sin filtro”.

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Si bien remarca que “el sector público es una cosa que deja mucho que desear” y que le da “tristeza” que se administre mal la riqueza, también tira dardos al sector privado.

Sostiene que hay un “contraste muy grande” en el empresariado local: de un lado, la visión moderna, encarnada por emprendedores –más ligados a los tecnológico-, con mirada colaborativa. En el otro bando: los “clásicos”, que cuidan “su propio metro cuadrado” y viven de la queja, aunque a veces eso es “entendible”.

-¿Cómo ves hoy el estado del emprendedorismo en una Argentina siempre complicada en lo económico?

-Cada vez me meto más hondo en lo que tiene que ver con el sector privado de la Argentina y el emprendedorismo. El estado actual tiene una dualidad medio extraña. Como todo en la Argentina, está súper dividido.

-¿Qué dualidades ves dentro del sector privado?

-Yo creo que tenemos un sector privado muy de vanguardia, muy preparado, con muchas ganas de cambiar las cosas, con mucha proyección de futuro, mucha apuesta por la Argentina. Muy convencido de que es por acá, por el lado de la tecnología y demás, pero siempre, como todo en la vida, yo siento que los argentinos nos vamos mucho a los extremos todo el tiempo y siempre.

Las respuestas siempre están en los puntos medios. Y con el sector privado pasa exactamente lo mismo.

-Profundizá esa idea…

-Uno creería que yo voy a defender a muerte al sector privado. Como que sería la lógica de la argentinidad, digamos. Y no. Tiene sus cosas raras, también.

Una persona muy inteligente una vez me dijo una frase que a mí me quedó muy grabada: tu metro cuadrado vale por donde está. ¿Qué significa? Que si vivís en el edificio más lindo del mundo y alrededor es un desastre, no sirve. Tu metro cuadrado no va a valer nada, aunque tu edificio sea muy lindo.

Esto es lo mismo. Y hay muchos que lo entienden de esa manera. Pero hay muchos que no.

En el sector privado pasa lo mismo. Uno sigue sufriendo del problema, que creo que es muy argentino. Eso de cuidar cada uno su propia quinta.

-¿Cómo se plasma esa división en el empresariado?

-En el sector privado hay un contraste muy grande entre el sector de las start ups y el emprendedorismo, que es por naturaleza muy colaborativo, y el sector del empresariado más clásico. No lo estoy criticando, para nada, porque han construido cosas muy grosas también muchos de ellos. Pero viste como que esa cultura de la colaboración choca un poco entre esos dos mundos. Los más clásicos por ahí son más cerrados, menos colaborativos.

Pero es muy loco, porque muchos de estas nuevas start ups que están fundadas por pibes, de repente tienen una gran facturación y están a la altura de esos “clásicos”. A veces chocan culturas. Pero bueno, yo creo que pasa en todos lados.

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-¿Qué ves en ese choque de culturas? 

-No me quiero adjudicar para nada ningún tipo de logro, en lo más mínimo. Pero creo que hubo y hay varios, y cada vez más, pibes de mi edad y más chicos que están emprendiendo y se les van abriendo muchísimas puertas.

Es raro, pero este momento que estamos viviendo hace que yo pueda decir "en mi época" como si fuera hace un montón.

Cuando yo tenía 18, hace 5 años, y empecé a emprender, nadie te daba bola. En las reuniones me miraban con cara de "flaco qué hacés acá".

Hoy creo yo que después de que pasaron un montón de pibes de mi edad que la pegaron y un montón de fondos de inversión se dieron cuenta que no les dieron bola, la cosa mejoró de alguna manera. Pero sigue habiendo choques.

Siempre trato de decirles a los más jóvenes que hay que salir de la queja.

Y sí, obvio, la carga impositiva es imposible, la modalidad laboral es imposible, todo es imposible, obvio, porque es verdad.

El Estado no ayuda en general. Son reclamos totalmente válidos. Pero no nos quedemos en eso. Si las cosas no cambian, hagamos algo nosotros.

-¿Ves que el sector del empresariado que llamás “clásico” se queda en la queja, por ejemplo con el tema de la inflación, impositivo u otros temas?

-Yo creo que la respuesta da para un libro. Es difícil de formular la respuesta porque cualquier empresario más clásico te va a decir: “yo pago mis impuestos, tengo empleados y si no subo el precio me fundo”. Y tiene razón. No es poco válido lo que está diciendo. 

Ahí hay un problema estructural de cómo el Estado gestiona la macroeconomía del país. Y no es de ahora, ni del anterior gobierno, ni de los anteriores. Hace siglos que se gestiona mal. Es un hecho, no una opinión.

-¿Cómo ves que se puede revertir?

-Hoy las start ups de tecnología tienen niveles de facturación, de ganancia y de inversión que son mucho más altos que las industrias clásicas. Es cuestión de narrativa y de inventiva y de proyección tecnológica relacionada con la empresa. Un empresario más clásico te dice yo fabrico tubos y si bajo el precio fundo la empresa. No está mal que se queje.

El argentino es injusto con el sector privado, también, porque mucha gente no se da cuenta de que es el motor de la economía. Si se van todos los empresarios, fuimos todos...O sea, no se puede hacer nada en Argentina. 

Hay muchos empresarios que se vienen bancando la que venga. Que importación sí, que importación no, que dólar sí, que dólar no. Es terrible. La mitad queda en el camino. 

A mí me da bronca cuando en las redes se ponen a bardear a los empresarios como si fuéramos unos tiranos o todos Rockefeller, que no nos importa nada.

-¿Y qué lectura hacés vos de eso?

-Ni una cosa, ni la otra. No podés pretender que el empresariado no se queje si las reglas de juego son un desastre o ni siquiera hay reglas de juego. Ese es el verdadero problema.

Porque el problema no es la inflación como tal. El problema es que no sabés cuánto va a ser. Porque ahí es donde vos no tenés ni idea de cómo gestionar. El empresario está tomando un riesgo muy grande en un país que particularmente no favorece el desarrollo de empresas.

Tampoco te podés ir del otro lado. Si vos sos empresario, sabés en la que te estás metiendo. Nadie te pone una pistola en la cabeza y te dice "hacé tu empresa". Lo hacés porque tenés hambre de hacer cosas nuevas o de facturar más o de cambiar la realidad. Pero tampoco podés quedarte en quejarte, porque ahí es donde perdés la esencia. 

Siempre me llamó poderosamente la atención que yo me hice viral en las redes porque salí a decir en las redes que la Argentina tenía futuro. Yo siempre lo dije, cada vez que trabajo para mi destrucción, para mi aniquilación. 

A mí lo que me haría feliz es que yo no tenga ningún tipo de rating cuando digo esto. Porque no debería tenerlo. Debería ser algo que lo digan todos los empresarios. Ese es el problema.

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Te encontrás con un montón de empresarios que se viven quejando todo el tiempo pero a la hora de invertir, de apoyar a emprendedores jóvenes o bancar el ecosistema hacen silencio de radio. 

Por eso yo me trato a asociar con empresas y emprendedores que vean mucho esta misma idea: la Argentina es un quilombo, el Estado no lo va a arreglar, pero podemos probar por otro lado.

-¿Cómo ves el mundo nuevo de los negocios a partir del impacto de la inflación en el mundo en general y particularmente en EE.UU., la caída de las criptomonedas?

-No soy experto. Soy testigo y participo. Obviamente invierto en el mercado argentino. Estamos en un momento jodido, pero es cierto que el mundo es cíclico. El tema es el largo plazo, donde, en general, los gráficos con ascendentes. 

Está mal, pero siempre hay un momento peor. Esto momentos hay que bancárselo. Toca el piso pero el rebote suele ser muy fuerte. Hoy los VC (Venture Capital, capitales de riesgo para invertir en nuevas empresas) se están yendo para atrás por razones obvias: quieren tener menos riesgos.

Pero dentro de un año y medio, con otro escenario mundial, pueden repuntar. Es un buen  momento para aprovechar. 

-¿Cómo imaginás a tu empresa Asteroid en 5  años?

-Es muy loco, esa pregunta es divertida porque nunca tenés idea. Si me lo preguntabas hace 5 años seguramente no era como está hoy.

Soy emprendedor, no voy a decir que no me interesa ganar dinero porque sería un falso y un hipócrita. Pero Asteroid, para mí, nunca fue un tema de guita. Jamás. 

Yo vivo de otras cosas, o sea, de hecho no tengo un sueldo la empresa y no lo cobro. Es un tema de filosófico: lo que yo quería hacer era un proyecto, Háblalo, que no era una empresa. Era un proyecto para ayudar a alumnos sordos de mi vieja. 

Estudié ingeniería, nunca se me había ocurrido hacer una empresa. Sigo sin tener idea. Fue orgánico. Se creó en base a una demanda y no creó una demanda.

Pero tuvimos 200 millones de descargas y la mitad de las cosas las hice mal y las tuve que volver a hacer. 

-¿Cómo está hoy la empresa?

-Está en un muy buen momento. Hacemos con Háblalo tecnología para gente con discapacidad. Nosotros lo que quisimos hacer es dar vuelta culturalmente a como las empresas perciben a la inclusión.

El problema de la inclusión es narrativo, cómo percibís a la persona con discapacidad. El famoso RSE (Responsabilidad Social Empresaria) se creó para quedar bien. Se percibía que la organización le hace un favor a la persona con discapacidad. 

Nosotros no le cobramos al usuario, pero una empresa aporta por esa versión de la app a la medida. 

Con Háblalo, que tiene casi 300 mil usuarios en 65 países, tenemos 15 clientes entre ellos a Santander, Nespresso, Remax, Grupo San Cristóbal, Más visión, y otros. Y en lo público tenemos acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. 

Estamos muy metidos en el modelo comercial porque casi fundimos en 2020. Este año sale la versión 4, que es la cuasi final.

Para el año que viene está proyectado reanudar el desarrollo de nuevas aplicaciones y nuevos servicios para personas con otro tipo de discapacidad. 

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-Sos un entusiasta de la tecnología. Más allá de las fluctuaciones y el desplome de algunas criptomonedas, ¿En qué pensás que puede ayudar la tecnología blockchain?

-En cripto, hay que "holdear" (mantenerse sin vender) porque si vendés en pérdida no va, tenés que ir al final. Si es difícil cambio por ejemplo el statu quo de los combustibles, imaginate cambiar el sistema bancario mundial. 

Lograr eso es una campaña medio jodida y tampoco creo que hoy las criptomonedas estén maduras lo suficiente como para aguantar eso.

Respecto de blockchain, para mí es la mejor tecnología que hoy existe. No soy experto y es la que más me entusiasma. Es la que más posibilidades tiene de romper en más corto plazo cosas del statu quo que están mal. 

-¿En qué estás invirtiendo hoy?

-Estoy invirtiendo en Nawaiam, una empresa que une videojuegos y selección de recursos humanos. Es una experiencia lúdica que busca detectar comportamientos naturales de los usuarios para obtener un perfil de conductas.

Estoy convencido que va a ser el futuro unicornio argentino. La crearon Javier Krawicki y Horacio Llovet y soy amigo de los dos.

Soy una de las primeras personas que jugaron y yo les dije que la van a pegar si lo hacen bien. Y dicho y hecho. ¿Por qué? hay un mundo que está cambiando vertiginosamente y también hay señales débiles por abajo, en las que nadie se fija, de cosas que no cambian nada. 

Si el cambio de los recursos humanos fue Linkedin sabe a poco. Me intriga mucho pensar en las industrias que no tuvieron una disrupción. La de Recursos humanos fue una.

Creo que Horacio y Javier, los fundadores de Nawaiam, pensaron en eso, porque trabajaron en ese mercado, laburaron una empresa multinacionales en ámbitos recursos humanos y siempre veían eso de que son más inhumanos que otra cosa los recursos humanos.

Pensaron en hacer un proceso de selección mucho más eficiente y con menos sesgos. En vez de hacer una entrevista laboral, jugás 15 minutos un video juego que te hace tomar decisiones y elabora un perfil.

-¿Cómo armarías vos tu “selección” de mejores emprendedores y creadores de unicornios y qué atributos destacás de cada uno?

-Claramente para mí uno de los tipos más inteligentes de este país es Pierpaolo Barbieri, de Ualá. Me parece un gran líder. Está en la edad para que todos los rangos etarios le presten atención. 

La fuerza de Galperin, creador de Mercado Libre, es tremenda y, además, hay que decir que la vio. Mucha actitud.

Hay varios. Uno que para mí es una es un capo, que no es tan conocido, es Guillermo Rauch, creador de Vercel. Vive en San Francisco. Es un animal, número uno. Nació en Lanús, no terminó la escuela y tiene una start up unicornio. 

Cualquier programador que le decís Vercel te dice que es una de las mejores plataformas que hay. Lo aman al pibe. 

Para mí, el sentido de colaboración o de apoyo al ecosistema de Guibert Englebienne, de Globant, es genial. Es groso. Tiene unas ganas de ayudar a los emprendedores que vienen atrás muy grande.

También destaco a un alumno mío, Gonzalo Waisman, que tiene una empresa llamada Cryptolab, que básicamente educa en cripto.

También los pibes de Henry, para mí es una de las mejores empresas de la Argentina. Es una academia en la que estudiás programación gratis y pagás cuando tenés tu sueldo. Otra es Nubimetrics.

-¿Qué le criticás hoy al sistema político argentino? 

-El sentimiento es sostenido. Yo no viví las últimas décadas anteriores al 90, pero si vos estudiás un poco de historia y a mí me interesa la política como herramienta de cambio pero no hago política partidaria.

El sentimiento es de irresponsabilidad. Es triste. Porque hay desidia. Hay que decir las cosas como son, como igual hay que decirlo del lado del sector privado. El sector público es una cosa que deja mucho que desear. Eso es lo triste. 

Es un país donde se desperdicia la oportunidad. Ese es el problema. Es la cultura de administrar mal la riqueza. Es mentira que administramos pobreza. Administrás mal la riqueza, por eso administrás pobreza. 

Y el gran problema de que hoy tengas un 50% de pobreza es ese. Si voy a ser honesto, yo también critico al sector privado porque hay que criticar a lo que uno pertenece, no se puede ser hipócrita. 

Pero si alguien se merece una crítica, es el sector público y no solo de este gobierno. El Estado como concepto, por lo mal que funciona. Todos los gobiernos. Es todo un desastre. Y es un desastre por desidia y corrupción.

Escrito por Diego Landi
NA - Buenos Aires, Argentina