Domingo, 19 Septiembre 2021 09:19
Por Iván Cachanosky

De carne somos

En un contexto electoral, donde el Gobierno está preocupado por el nivel de precios, decide extender el cepo a las exportaciones de carne con la intención de reducirlos en el corto plazo, aunque sabemos que este tipo de decisiones no son sostenibles y lejos están de solucionar el problema de fondo, precisó el especialista.

De carne somos

El ánimo sigue particularmente convulsionado por la extensión del cepo a las exportaciones de carne.

Desde el sector agropecuario especulaban con que la medida llegaría a su fin el 31 de agosto.

Sin embargo, desde el Gobierno, decidieron extender por dos meses la medida hasta el 31 de octubre.

En un contexto electoral, donde el Gobierno está preocupado por el nivel de precios, adopta este tipo de medidas con la intención de reducirlos en el corto plazo, aunque sabemos que este tipo de decisiones no son sostenibles y lejos están de solucionar el problema de fondo.

Para peor, el avance de las restricciones no está logrando alcanzar el objetivo planteado. Es que el precio de la carne no baja.

Lo que sí se reduce es el consumo y siguen peligrando varios puestos de trabajo.

En concreto, no parece haber ganadores con la medida y, sin embargo, se decidió extender el cepo.

A pesar de los malos resultados, el presidente Alberto Fernández sostuvo que los precios bajaron en los últimos dos meses, contando así una verdad a medias.

No obstante observarse un retroceso de 2,3% en los últimos dos meses, no compensa la subida del 7,7% obtenido en junio de este año y nada garantiza que hacia futuro la tendencia a la baja se mantenga.

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Sin embargo, lo más preocupante son los efectos y daños colaterales que genera la medida y su extensión.

En este marco, la Sociedad Rural Argentina (SRA) publicó un informe en donde cuantifican las pérdidas acumuladas desde mediados de abril hasta el 31 de agosto (135 días aproximadamente).

De esta manera, se estima que hubo pérdidas en torno a los USD 1.000 millones para el período señalado.

El mayor impacto de la pérdida responde a la caída de la actividad ganadera, por un monto de USD 400 millones aproximadamente, representando alrededor del 38% del total de la pérdida.

Luego, la caída en las exportaciones explica un 22% de las pérdidas mencionadas (USD 240 millones) y en tercer lugar se ubicarían los frigoríficos con caídas en sus ingresos representando poco más del 15% de las pérdidas (USD 165 millones).

El golpe en los frigoríficos se continuó observando con la prorrogación de la exportación de carne vacuna.

Por ejemplo, en Santa Fe, implicó que 150 personas pierdan su trabajo.

La provincia de Santa Fe explica el 40% de los embarques de carne vacuna y hay alrededor de 10.000 empleados vinculados con la actividad.

Daniel Roa, titular del Sindicato de Carne en Santa Fe mostró su preocupación al enfatizar que los precios de la carne no bajaron y que tampoco hay más oferta.

Cada vez se cierran más turnos de trabajo y se terminan perdiendo puestos de trabajo.

Si bien es cierto que no se observan despidos masivos por la medida, sí preocupa la idea de que continúe una suerte de "goteo permanente" afectando a más trabajadores de la industria.

En pocas palabras, no sólo la medida no alcanzó el objetivo planteado, sino que agravó la situación golpeando al mercado laboral.

El Gobierno debería preocuparse menos por "el relato" y más por los efectos reales que este tipo de medidas generan en la economía y los daños que se generan.

(*) - Iván Cachanosky es economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso.

Escrito por Noticias Argentinas
Buenos Aires, NA