Publicado el 10 de Junio de 2022 - 17:28 | Última actualización: 11 de Junio de 2022 - 00:48

La historia azulgrana del árbitro Ricardo Calabria, a cinco años de su fallecimiento

Tras dejar el arbitraje, el también formador de juveniles y entrenador profesional se había dado el gusto de sentarse en el banco de suplentes de San Lorenzo, el club de sus amores. 

Por Federico Giannetti
La familia Calabria. La familia Calabria.

Se cumplen cinco años del fallecimiento de Ricardo Calabria, ex árbitro, formador de juveniles y entrenador profesional, quien después de una extensa y prestigiosa carrera impartiendo justicia en el campo de juego se dio el gusto de sentarse en el banco de suplentes de San Lorenzo, el club de sus amores.

Calabria, que dirigió 359 partidos como juez principal entre 1978 y 1992 -desde 1981 comenzó a ser internacional-, falleció el 10 de junio de 2017 como consecuencia de las secuelas que le dejó un accidente que sufrió en Turquía en 2015.

“Él siempre decía que cuando le tocaba dirigir a San Lorenzo se sentía privilegiado porque lo veía desde adentro de la cancha. Siempre fue un tipo muy derecho, a todo el mundo le decía que era hincha y cuando tenía que dirigir, lo hacía como corresponde, con total imparcialidad”, manifestó uno de sus hijos, Bruno, quien junto a su hermano Franco continúa con el legado azulgrana.

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Y agregó: “Aunque convivía con ese hincha que quería que gane San Lorenzo, sabía que su profesión era impartir justicia y lo hacía a la perfección, lo manejaba de esa manera. Él dijo que en algún que otro partido muy importante le temblaban un poco las piernas, pero cuando sonaba el pito se olvidaba de todo”.

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En diciembre de 1991 se retiró del referato y se dedicó a la dirección técnica pero, pese a su profesión anterior, jamás ocultó su simpatía por el “Ciclón”: "Siempre tuve la libertad de decirle a todo el mundo que era hincha de San Lorenzo. Yo vivía a cinco cuadras del Gasómetro, mis hijos jugaban en el club y a mí me daban partidos finales. Eso tiene que ver con un estilo de vida, la personalidad y la coherencia que uno demuestre en sus funciones", contó el propio Ricardo en una entrevista.

A partir de ese entonces, comenzó a trabajar en las Juveniles del “Ciclón”: “Después de tres años de un gran trabajo, aparecieron jugadores como Mirko Saric, Diego Figueroa, Raúl Estévez, Guillermo Franco, Eduardo Tuzzio, Agustín Orión, Ariel Graña, Gerardo Rivero, Ariel Montenegro y Claudio Biaggio, que lo llevó él igual que a Sebastián Saja y Félix Benito”, enumeró Bruno.

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Además del “Pampa”, que años después sería campeón del Clausura 1995 en Rosario, su ojo de descubridor se posó sobre otros dos jóvenes futbolistas de Danubio de Uruguay, que finalmente no llegaron al elenco argentino: se trataba de Álvaro Recoba y Marcelo Zalayeta.

Más allá de su rol de formador, Ricardo Calabria cumplió el sueño de cualquier persona futbolera y se sentó en el banco de suplentes en tres encuentros en 1992, al quedar a cargo del plantel profesional de forma interina.

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“Nosotros somos hinchas de San Lorenzo por mi abuelo, que llegó de Italia a los 13 años y fue a parar a la casa de un familiar en Doblas y Pedro Goyena. Gracias a Dios, ese primer fin de semana él estaba solo en la calle, preguntó qué podía hacer y una persona le dijo: ‘Mire, camine por Avenida La Plata derecho que hay un estadio donde tiene tres partidos para ver’. Ahí se hizo fanático”, explicó Bruno.

En marzo de 1996, el destino de Calabria se separó de San Lorenzo: asumió como técnico de El Porvenir, en Primera B, y el equipo ascendió a la B Nacional tras ganar la temporada 97/98. Luego, su carrera continuó en Banfield y en Almirante Brown, pero su corazón siempre se quedó en Boedo.

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Escrito por Federico Giannetti
NA - Buenos Aires, Argentina