| Última actualización:26 de Agosto de 2022 - 17:20

"Charro" Moreno, el último bohemio del fútbol argentino

Juan Manuel Moreno fue considerado el mejor futbolista argentino del mundo hasta la llegada de Maradona.

Por Gustavo Grazioli
Charro Moreno, un distinto es su época. Charro Moreno, un distinto es su época. FOTO:NA

Hasta la aparición de Diego Armando Maradona allá por 1976, se dice que el jugador más grande la historia del fútbol argentino fue Juan Manuel Moreno, eternizado bajo el apodo del “Charro”. Quienes lo vieron jugar, mencionan que fue superior a Alfredo Di Stéfano y hasta incluso, que el propio Pelé. Fue reconocido como el quinto mejor futbolista sudamericano del siglo XX y sus cualidades con la pelota le valieron para ganarse la reputación de “poeta de la zurda”.

La muerte lo alcanzó un día como hoy, pero en el año 1978. Y su historia, como respuesta al escaso registro fílmico de la época, se construyó a través de la oralidad de los hinchas que presenciaron su juego y lo transmitieron de generación en generación.

El propio Maradona en su libro autobiográfico, Yo soy el Diego, cuenta que cuando fue elegido mejor futbolista argentino de todos los tiempos por la AFA, no podía dejar de avergonzarse por posicionarse por encima del nombre de Moreno.

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El Charro pateó su primera pelota en el barrio de La Boca y su sentido de pertenencia lo llevó a querer probar suerte en el club Xeneixe, pero no tuvo fortuna y tras masticar bronca por el rechazo, como forma de venganza, se fue a River. En el club de Núñez fue donde brilló. Ganó prácticamente todo: cinco campeonatos argentinos (1936, 1937, 1941, 1942 y 1947) y cuatro copas internacionales a través de la Copa Aldao (1936, 1937, 1941 y 1947).

Fue parte de La Máquina y su nombre conformó la recordada alineación que en la narrativa riverplatense aparece como: Juan Carlos Muñoz, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau. Su forma de jugar sembró la génesis de lo que luego se consideraría como “futbolista total”. Su manera de manejar la pelota o de construir paredes para abrirse caminos imposibles, son los cimientos de ese fútbol creativo que captó la atención de propios y ajenos.

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Los cronistas de la época se deshacían en elogios y las impresiones que cubrían los diarios y revistas, decían cosas como estas: "Moreno no parece un jugador criollo de los que se han hecho a empujones de puro inteligentes o de puro pícaros, de los que han aprendido todo sin haber estudiado nada, a fuerza de precocidad y de intuición maravillosas, más bien, viéndolo accionar, sereno y majestuoso, con la prestancia y el señorío de los que están plenamente confundidos con su alta misión sobre la tierra”.

Y seguían las alabanzas: “Llega la impresión hasta las retinas de que siempre hubiera ido a la escuela con el exclusivo propósito de aprender esa ciencia y arte a la vez que es el fútbol. Pero ya lo hemos dicho, nació crack y será crack, aunque las alturas traten de marearlo a él, que no podrá marearse porque es capitán y no marinero de agua dulce”.

El Charro, jugador de bigotes tupidos, se consagró como un héroe bohemio que, además de depositar su vida en el fútbol, era amante del tango, la bebida y las fiestas nocturnas.

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“A mí me reprochaban mis noches milongueras, pero ¿sabés que lindo entrenamiento es el tango para los jugadores? Tenés ritmo en una corrida, manejo de perfiles, trabajo de cintura… Mirá que en una de esas anduve bien por bailar tango por las noches”, decía.

Esa desobediencia que lo caracterizaba, lo ponía en la vereda de enfrente de los deportistas ordenados y le generó algunos encontronazos con la dirigencia de River.

Tuvo que amigarse con algunas normativas que le prohibieron seguir hacia el fin de la noche. “Decidí portarme bien. Nada de trasnochar y sólo leche para beber durante una semana. El domingo jugamos con Independiente en el Monumental y a los 10 minutos no podía respirar. No estaba acostumbrado a ese régimen de vida y jugué mal. Fue la tarde que De la Mata hizo un golazo”, llegó a confesar tras ese giro que buscó dar para contentar a las autoridades del Millonario.

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Sus condiciones técnicas lo llevaron a México, donde se alistó en el Club España, equipo con el que ganó un campeonato en 1946, y de esas tierras regresó con el apodo que lo consagró para siempre: Charro. Su recorrido siguió por Chile, donde deslumbró en Universidad Católica y rápidamente se ganó la idolatría de todos los chilenos. Y en 1950, sobre el final de su carrera, logró vestir la camiseta de Boca y con el conjunto de la rivera consiguió un subcampeonato.

 “Lo llamaban el “Charro”, por su pinta de galán de cine mexicano, pero él venía de los potreros del riachuelo de Buenos Aires. José Manuel Moreno, el más querido de los jugadores de la “Máquina” del River, gozaba despistando: sus piernas piratas se lanzaban por aquí, pero se iban por allá, su cabeza bandida prometía el gol a un palo y lo clavaba contra el otro”, lo describió Eduardo Galeano.

Escrito por Gustavo Grazioli
NA - Buenos Aires, Argentina