| Última actualización: 05 de Diciembre de 2022 - 07:36

Veganismo. ¿Por qué deberíamos dejar de comer animales?

NA conversó con la abogada especializada en derecho animal Angélica Miotti acerca de los principios básicos del veganismo, del rol de la ciencia y el derecho animal, y del peligro ambiental que implica seguir consumiendo animales.

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Cuáles son los principios éticos, legales, filosóficos y científicos que argumentan que no deberíamos seguir comiendo animales. Cuáles son los principios éticos, legales, filosóficos y científicos que argumentan que no deberíamos seguir comiendo animales. Derechosanimalesya.org

Mucho se dice, se cuestiona e incluso se opina sin contar con los fundamentos suficientes acerca de las bases teóricas, sociales y científicas del veganismo. Pero, ¿sabemos realmente cuáles son los principios éticos, filosóficos, políticos y científicos que este movimiento de liberación esgrime?

En muy resumidas cuentas, el veganismo demanda otorgar un trato igualitario a los animales desde mucho antes de que fueran reconocidos finalmente por la ciencia moderna en el año 2012 como sujetos sintientes. La declaración histórica a favor de los derechos animales fue realizada por un grupo de científicos en la Universidad de Cambridge, quienes demostraron con evidencias que los animales tienen “los sustratos necesarios para la conciencia junto con la capacidad de exhibir comportamientos con intenciones”, es decir, que son considerados como sujetos sintientes.

En ese mismo año, el neurocientífico Philip Low, que fue el encargado de redactar la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia dijo públicamente: “uno de los prejuicios era que es necesario tener un neocórtex para experimentar conciencia. Pero este test mostró lo contrario. Nuestro cerebro no es el más complejo que hay para estudiar. Hay estudios que demuestran la complejidad de los cerebros de otros animales, que hasta tienen capacidades que nosotros no tenemos”.

En términos medioambientales, el veganismo también alerta sobre el alto poder contaminante que involucra todos los procesos de la industria alimentaria basada en explotación animal.

En este sentido, la ONU llamó a reducir el consumo de carne e indicó: “El sector ganadero contribuye significativamente al total de emisiones humanas de gases de efecto invernadero (GEI)”. Las emisiones del sector a nivel global representan ya el 14,5%. La ganadería industrial es especialmente responsable de estas emisiones debido al crecimiento exponencial de estas explotaciones intensivas en las últimas décadas.

NA conversó en profundidad con Angélica Miotti, abogada especializada en derecho animal, activista feminisita y antiespecista, acerca de los principales fundamentos que desde el veganismo y desde los movimientos antiespecistas se esgrimen para argumentar por qué no deberíamos comer animales, desde la perspectiva del derecho animal y ambiental.

 

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-¿Cuáles son los principales fundamentos de por qué no debemos comer animales? ¿Por qué se dice que lo animal es político?

-Los fundamentos son variados: Encontramos argumentos en la ética, en la filosofía, en los principios del bien común, en la historia, en principios de la Justicia, en la ciencia y en los principios de otros movimientos de liberación como es el feminismo.

Por otro lado, hay sobrada evidencia que da cuenta que comer animales ha quintuplicado el nivel de explotación animal y humano, que perjudica al medioambiente y que profundiza la crisis climática y las desigualdades sociales.

En términos de derecho, el sistema de producción animal es inconstitucional ya que viola sistemáticamente principios y garantías previstos en nuestra Constitución Nacional. Vengo denunciando desde hace rato que nuestro sistema de producción y consumo es completamente ilegítimo desde hace décadas, y que atenta sobre todo el artículo 41 de la Constitución Nacional que dice: “todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo”.

 

-Desde el punto de vista medioambiental, los últimos informes del IPCC ya advirtieron que para frenar el calentamiento global es esencial la reducción del consumo de carne, entre otras medidas. Pensaba en 2020, cuando se intentó instalar en el país las granjas industriales de cerdo para vender a China y se mencionaba que serían instaladas donde no había “nada”.

-Sí. Cuando se intentó instalar las mega factorías de cerdo el argumento que se escuchaba era que se iban a ubicar alejado de los centros urbanos del país, que la población en general no iba a ver ni sufrir las consecuencias más directas. Recuerdo a Alberto Fernández diciendo que no nos preocupáramos porque se iban a instalar donde no había nada, cuando en realidad en esa “nada” había familias, flora y fauna. Las personas que estaban ahí iban a tener que migrar obligadamente. Además, al resto de la población también iba a ser afectata con las consecuencias inevitables producto de la contaminación y de la destrucción de la naturaleza.

Antiespecismo para dejar de normalizar la violencia

Desde la perspectiva exclusivamente animal, es decir desde los demás animales (los humanos también somos animales) comer animales no es natural. “La ciencia ya confirmó que no es necesario para sobrevivir comer animal. Y además no es neutral: es político. Todo consumo es político, consumir animales por lo tanto también lo es. Pero hay una barrera especista muy grande, que incluso los movimientos de liberación muchas veces no logran atravesar”, advierte la experta consultada.

¿Qué es el especismo? “Es la discriminación negativa que en la misma línea del sexismo y del clasismo entre otras, legitima y permite niveles de discriminación y de violencia inauditos. En el caso del especismo, hay una discriminación absoluta que genera y avala los niveles más altos de violencia, con el agravante que ni siquiera la reconocemos como tal porque fue normalizada, neutralizada y naturalizada”, comenta Miotti, y agrega: "Este sistema de consumo tiene muchas defensas y estrategias para invisibilizar el trato que le damos a los demás animales, en desconectar a la sociedad con a quien se come, y para cuando ya no se pueda invisibilizar mas, haber normalizado que comer a los demás animales es algo neutral y natural".

Cuando en la década del 70´, Richard D. Ryder estudiaba los distintos tipos de discriminación y opresión, el psicólogo y filósofo británico junto a su equipo de intelectuales creó el término “especismo”. Ryder, como activista contra la opresión, en ese momento se preguntó por qué detenerse en el sexismo o en el racismo cuando hay otros seres sintientes que también sufren opresión.

El especismo tiene un agravante –refuerza Miotti-, ya que no solo legaliza la violencia sobre cuerpos sintientes, sino que instala la violencia en la sociedad y la legitima. El especismo, a diferencia del sexismo (una violencia profunda sobre la mitad de la humanidad, las mujeres) es aún más grave porque es una sola especie, la humana, que se autodeterminó superior, y como tal adquirió la capacidad de explotar y cosificar a todas las demás especies del planeta”.

 

Desde la ética y la filosofía: Por qué no comer animales

“Para dar respueta a por qué no comer animales, también se puede fundamentar desde la ética, desde la equidad, y desde la no violencia. La ética no distingue entre las especies. Sin embargo, una especie explota, asina y hace reproducir forzadamente a cientos de animales diariamente para después enviarlos al matadero. Al mismo tiempo me pregunto: ¿por qué amar a unos y comernos a los demás animales?".

En la capacidad de sentir somos todos iguales: la ciencia moderna ya admitió estar completamente en deuda con los demás animales en la declaración de Cambridge del 2012.

“Darwin ya lo decía en el pasado: los demás animales sienten y eso nos iguala, nos hace sujetos de derecho a ambas especies, pero por cuestiones económicas y religiosas se forzó la argumentación de que los demás animales no tienen derechos. Tiempo después, Descartes estableció que los animales tenían categoría de ´máquinas´, con argumentaciones falaces. Esta forzada premisa se hizo una verdad autoevidente y separó desde entonces lo humano del resto del a naturaleza. Y no todo lo humano, ya que tomo al género Varón –Cis, blanco- por encima del resto”, detalla la experta consultada.

En la actualidad no nos libramos de ese argumento falaz que todaviá sigue reproduciendo con más fuerza de lo que creemos. Solo basta observar las leyes civiles y comerciales de nuestro país, las cuales definen a los demás animales como cosas (sujetos de explotación y dominio de su dueño)”, agrega.

  

 

-¿Si el sistema de derecho logra reconocer a los animales como sujetos sintientes, ¿cuánto podría cambiar la realidad actual?

-A la brevedad no cambiaría demasiado porque se caería el sistema económico ya que está basado en la explotación animal (y humana). Muy probablemente se trataría de una ley que no sería cumplida. Serviría en el plano de la revolución teórica. Entonces, si bien apoyo la generación de leyes en este sentido, no alcanzan. Creo en los cambios a nivel individual y colectivos que logran presionar sobre los cambios sociales y sobre las instituciones para que éstas respondan por ellos y los amparen. 

 

-¿En qué situación nos encontramos en el país en términos de derecho animal?

-A nivel legislativo nuestra sociedad está bastante atrasada. Si bien existen algunas leyes importantes, la gran mayoría de las veces no se cumplen. Las leyes penales más importantes que tenemos son: la ley 14.346, que protege a los demás animales por casos de maltrato o crueldad; la ley 27.330, que prohíbe las carreras de perros en todo el país; y la ley 22.421 de protección de fauna silvestre. Son tres leyes que catalogan como delito ciertas actitudes con respecto a los animales.

Entiendo que el Derecho es un organismo vivo que está en permanente cambio y,por lo tanto, debe estar en permanente transformación. ¿Por qué? Porque lo que estimula al Derecho en la creación de nuevas normas y en el reconocimiento de nuevos “sujetos" de derechos, en este caso los animales, es la presión social: la sociedad informada y activada que reclama y pide al sistema la creación de leyes que respondan a la nueva conciencia social y a las nuevas necesidades sociales.

En la práctica, cuesta mucho lograr leyes de protección de los derechos de los demás animales, sobre todo por el fuerte lobby empresarial y corporativo. A pesar de que la ciencia avala que los animales sienten y eso ya es suficiente para ser titulares de derecho, las leyes actuales continúan a contramano de la ciencia, de los principios éticos y de la no violencia. Al Derecho y a la administración de la Justicia, es evidente que le sigue conveniendo que los animales sean entendidos como cosas. Lo mismo que sucedió –y sigue sucediendo- con las mujeres.

 

A modo de conclusión, Miotti refuerza que, por todo lo expuesto, “no se trata de una cuestión personal la decisión de comer o no animales. Por eso consideramos que lo animal es político. Si volvemos a la premisa de que todo consumo es político, consumir animales también lo es ya que denuncia incontables desigualdades sociales y la negación de derechos".

 

Escrito por
NA - Buenos Aires, Argentina