La relación que tenemos con el teléfono celular puede ser compleja como cualquier vínculo en el que no existen reglas o límites claros. No se trata de juzgar si está bien o mal el uso de la tecnología, sino de abrir una pregunta que nos permita tomar decisiones más conscientes: ¿Qué calidad de tiempo otorgamos a los vínculos reales por estar prestando atención al celular y a lo que sucede en el mundo online?

Cuando se privilegia el tiempo de atención que se presta al celular por encima de cualquier otra relación estamos ante un fenómeno en expansión llamado “Phubbing”.

El término Phubbing surge del neologismo que combina “phone” (teléfono) y “snubbing” (desdeñar) e indica el acto de ignorar a la persona que se tiene en frente por prestar atención al teléfono celular.

En diálogo con NA, Santiago Silberman, psicoanalista y fundador de RedPsi dice que “si bien la tecnología ha traído enormes beneficios en las relaciones, como reencuentros a través de redes sociales o buscar parejas a través de aplicaciones, también ha traído nuevas dificultades y entre ellas se encuentra el phubbing”.

Sin embargo, resalta que el phubbing no es un problema en sí mismo, sino un síntoma de algo más profundo o más difícil de comprender a primera vista.

“De la misma manera que cuando un paciente acude a mi consultorio queriendo eliminar su ansiedad, en lugar de pensar que la ansiedad no es el problema sino una señal de que hay otro problema, en estos casos la tecnología o el teléfono móvil tampoco son un problema. Pero hablar del verdadero problema no es tarea sencilla y para acercarnos al verdadero problema se puede pensar en tres categorías que incluye a la mayoría de los casos: Los que están donde no quieren estar y usan la tecnología para evadirse y muchas veces procrastinan la decisión de separarse; los que tienen comportamientos adictivos, y los que les cuesta relacionarse con otros por inseguridad, fobia o ansiedad”, detalla Silberman.

Las causas más comunes del Phubbing

Los que están donde no quieren estar: “A veces, en lugar de tener que pasar por el doloroso proceso de tomar decisiones como la de separarse o renunciar, postergamos esa decisión intentando desentendernos del problema con distracciones como el teléfono móvil

En este mismo grupo se encuentran las personas que procastinan, quienes usan la pequeña pantalla para abstraerse de tomar decisiones que respondan con acciones al malestar que están viviendo. Frente a este escenario el experto consultado aconseja: “Si entra dentro de esta categoría, sería oportuno reconsiderar si no elegir también es elegir, ya que se sigue estando en un lugar donde no se desea”.

Las personas con comportamientos adictivos: Por un lado, se encuentran aquellas personas adictas al uso de dispositivos, entre ellas las adictas al trabajo (workaholic) y por lo tanto “no pueden” perderse el minuto a minuto, o bien aquellas que cada dos segundos miran su teléfono para ver si hay alguna nueva notificación.

“Una a-diccion, tiene que ver con la falta de palabra, ponemos en acto cosas que, por no hablarlas nunca podemos terminar de tramitarlas. De esta forma nos escapamos del displacer de tener que hablar de lo que nos duele, para buscar placeres efímeros como un nuevo like, que nos haga olvidar, aunque sea por un momento de eso que callamos. El famoso quita-penas”, explica Silberman y enseguida agrega: “No hay nada más placentero que tener cero notificaciones para un obsesivo, o un ‘me gusta’ nuevo para alguien con rasgos narcisistas, hacer algo con las manos para un ansioso, entre otras posibilidades.

Las personas que les cuesta relacionarse con otras personas: “Sea por fobia, miedo, ansiedad o inseguridades, el teléfono permite de alguna manera ‘ocultar’ o justificar no sostener una mirada o una conversación”, explica.

También asegura que, con la pandemia, las personas se acostumbraron cada vez más a interactuar con otras mediante una pantalla. “Estos son los casos más difíciles, ya que el dispositivo móvil se convirtió en una suerte de muleta que se usa para poder sostener vínculos”. ¿Qué aconseja en estos casos? “Hay que estudiar en detalle las ventajas y desventajas de quitar la muleta, y en todo caso aceptar que es un paliativo que permite sostener de cierta forma el vínculo con el mundo exterior. Siempre hay que prestar especial atención a que no termine siendo aquello que creemos positivo para el inicio de uno o más vínculos, lo mismo que nos impida el encuentro real con los demás”.

El phubbing también se relaciona a otro fenómeno que es el del FOMO (Fear of missing out, o miedo de perderse algo en las redes sociales). El deseo de chequear, responder, jugar, genera una ansiedad y, al no ser correspondido inmediatamente, trae mucha angustia.

Phubbing: cuando prestás más atención al celular que a las personas

Qué podemos hacer

¿Qué satisfacción no tenemos y buscamos ciegamente en un aparato?, es una de las preguntas que se hace el psicoanalista consultado para buscar alternativas reales ante el conflicto.

“A diferencia de como suele pensarse este tipo de cuestiones, donde se culpabiliza a la tecnología y se victimiza al usuario, en este caso considero que no hay culpas, sino responsabilidades: No debe cambiar la tecnología, ni tampoco quitarla. Recordemos que la prohibición genera deseo. En cambio, invito a que cada uno se pregunte qué es lo que tapa con su teléfono móvil; qué es aquello que no está queriendo afrontar o enfrentar y justifica la dilatación de esa decisión en el teléfono”, señala.

Al mismo tiempo, no deberíamos perder de vista lo que sucede en la persona que sufre o se perjudica por la falta de atención del otro: “Hay que entender que la falta de decisión es una decisión. Si sistemáticamente salís a cenar con tu pareja y él o ella está más enfocado en la pantalla que en vos, ¿te hace feliz estar ahí?; si tus empleados no hacen su labor incluso a veces incumpliendo con las fechas de entrega, ¿te satisface como jefe eso? Si tu hijo no estudia, trae a la mesa su teléfono y no establece contacto visual ni sostiene una conversación, ¿cómo te hace sentir? Si te encontrás insatisfecho por alguna de estas situaciones, en vez de rivalizar con la tecnología, la mejor opción es establecer límites donde puedas expresar aquello que te está molestando o doliendo”, concluye.