La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) cumplirá este martes 40 desde su fundación, continúa vigente en sus conquistas y sostiene su legado histórico. La presidenta de la organización, Valeria Pavan, la secretaria María Laura Olivier y el activista Marcelo Suntheim, quien fue el marido de César Cigliutti, dialogaron con Noticias Argentinas, trazaron un balance de las últimas cuatro décadas y plantearon los actuales desafíos que enfrenta la entidad. 

La CHA fue creada el 16 de abril de 1984 por Carlos Jauregui, en una asamblea en el boliche Contramano, con el objetivo de luchar contra la represión y los edictos policiales. El contexto post dictadura generó la necesidad de que la comunidad LGBT tuviera el instinto de protección aún más latente.

Jauregui es sinónimo de referente en la comunidad LGBT a nivel nacional e internacional, de hecho, en forma de homenaje, la estación Santa Fe del subte H lleva su nombre desde 2017. En ese mismo lugar, durante la época de los ‘80, los militantes de la Comunidad Homosexual repartían “papelitos” con los teléfonos de contacto, de esta manera, en caso de que el personal policial apresara a alguna persona por su orientación o diversidad sexual, tendrían dónde comunicarse para que acudieran a su liberación.

Marcelo Suntheim. Foto: Damian Dopacio - NA

“Uno deja de pensar en el miedo. Cuando íbamos a buscar a alguien a la comisaría, teníamos temor de no volver, pero estábamos con César (Cigliutti) y Carlos (Jáuregui) que sacaban su hartazgo interno”, recordó Marcelo Suntheim quien obtuvo la primera unión civil por la Ciudad de Buenos Aires, en 2003, junto a Cigliutti que presidió la CHA de forma histórica, hasta su fallecimiento en 2020.

NA: ¿Cómo se preparaban para ir a buscar a alguien a la comisaría? 

MS - La gente guardaba los papelitos como oro y usaban el único cospel que tenían cuando los llevaban presos. La policía subestimaba a la capacidad de la comunidad. Nos llamaban a las 3 AM, nos levantábamos e íbamos con César, un abogado penalista y quienes más se pudieran sumar. En cuánto llegábamos, el comisario nos reconocía.

NA: ¿Cuál era la estrategia?

MS - El instinto de autoprotección hacía que la estrategia casi siempre fuera mediática. Los medios de comunicación hablaban constantemente de la CHA; en el inconsciente colectivo de nuestro país, estaba plantada la idea de que la organización manejaba un poder increíble, gracias a la visibilidad. 

NA: ¿Sólo en Buenos Aires?

MS - Casi todas las personas de la comunidad llegaban a Buenos Aires, Córdoba o Rosario porque en cualquier otra parte te mataban.

NA: ¿Cómo influyó en la comunidad que el Gobierno apuntara que la ESI es “adoctrinamiento”?

MS: La educación tiene que ser cambiada de raíz y esa es una de nuestras metas. El adoctrinamiento es una trampa en el lenguaje de la derecha para generar confusión. La doctrina es un dogma que no se discute, cómo ocurría antes en las escuelas, cuando la iglesia imponía un modelo binario. La teoría del género no es doctrina porque es constitucional y si el día de mañana es necesario, se puede reescribir y debatir.

Valeria Pavan. Foto: Damian Dopacio - NA

Por su parte, Valeria Pavan, quien tomó la presidencia de la organización en 2020 luego de más de dos décadas de militancia y tras llevar adelante el área de salud, agregó que en términos de educación, la libertad en las infancias “ocurre hasta cierto punto, hasta cuándo el nene quiere algo rosa o una muñeca. Hay una libertad que no deja de vigilar lo binario”.

NA: En vistas de que la educación sería un cambio relevante, ¿a qué otro eje de modificación apuntan?

VP: La ley de reparación histórica, que está presentada en provincia y nación. Tiene el objetivo de reconocer que el estado desamparó y llevó a la muerte a muchísimas personas transexuales o transgénero al no tener acceso a la salud y educación. Apunta a la falta de contención estatal y la violencia policial. Hay travestis con problemas médicos a causa de golpizas policiales graves. Son muy pocas las que llegan a superar los 35 o 40 años. Se busca una compensación económica a través de una pensión.

María Laura Olivier. Foto: Damian Dopacio - NA

“Cuando recién empezó el VIH y se iba al hospital faltaba un cartel que diga ‘sidosos por la derecha’”, sumó María Laura Olivier, secretaria de la organización y activista histórica. 

NA: Históricamente ¿Cómo influyó el Estado en los derechos adquiridos?

MLO - Nada fue de generación espontánea. Veníamos de muchos años de trabajo, activismo y de revolucionar con otras instituciones. Quienes nos acompañaban, si bien no eran LGBTIQ+, se relacionaban con nuestros derechos. Siempre, estas cuestiones nacen desde la voluntad popular y una necesidad social. En estos 40 años la CHA generó muchas políticas públicas.

NA: ¿Cómo fue el proceso de transitar distintos gobiernos?

MLO: Nos manejamos con diferentes estrategias. Un claro ejemplo fue con Carlos Saúl (Menem). Si bien no tenía muchas ganas de colaborar con brindarnos la personería jurídica. Creamos una planificación internacional: lo seguimos a Italia, cuando salió del avión habían diez maricas en la puerta que reclamaban y así en cada país que iba, hasta que salió el fallo. Las ganancias siempre fueron de la sociedad.

NA: ¿Tenían miedo?

MLO: El miedo es algo que no nos representa. El hartazgo del avasallamiento a nuestros derechos es lo que nos llevó a decir “hasta acá’’. En la actualidad, el anonimato de las redes, les permite a muchas personas que en público son políticamente correctas sacar toda su violencia y de estrato a cualquiera. Más aún si sos mujer, más si sos mujer lesbiana y, si sos mujer, lesbiana, pueblerina o afrodescendiente, ni existís.

NA - ¿Cuáles son las luchas actuales de la CHA?

MLO - La principal, en este momento, es la que tiene toda la sociedad: nadie puede venir a quitarnos los derechos conquistados. No se trabajaron tantos años para que a partir del último 10 de diciembre, la Argentina sea menos justa o igualitaria. Es una lucha permanente porque se ve claramente el avasallamiento. Vienen por los derechos de todos, todas y específicamente por los de la comunidad.