| Última actualización: 01 de Diciembre de 2022 - 12:27

Juego, compañerismo y diversión: cómo se vivió el partido contra Polonia en una escuela pública

Chicos de distintos grados compartieron los nervios previos y la alegría que generó el triunfo de la Selección. La educación en tiempos de Mundial, entre figuritas y la ley del offside. 

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El compañerismo de la Scaloneta, reflejado en un aula de una escuela porteña. El compañerismo de la Scaloneta, reflejado en un aula de una escuela porteña. Foto: NA/Juan Vargas.

El busto de Bernardino Rivadavia custodia a la escuela número 9 "Juan Crisóstomo Lafinur" y a su lado un televisor Admiral muestra a otros próceres, unos que enseñan lo que puede hacer la fuerza colectiva, la unidad y el compañerismo. La Scaloneta hace escuela en Qatar y a miles de kilómetros su ejemplo sirve.

En pleno barrio porteño de Palermo, unos 40 pibes de 1º a 7º grado asistieron a clases en un día particular: el ausentismo generalizado se explica porque la Selección argentina se juega la clasificación a octavos de final del Mundial de Qatar 2022.

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Foto: NA/Juan Vargas.

Cada cuatro años, la Copa del Mundo modifica todo: horarios, estados de ánimo, planes de estudio. Décadas atrás, una radio o uno de los escasos celulares que había entre los alumnos era el medio clandestino para conocer la suerte argentina en el Mundial. Hoy la situación es muy distinta y desde las instituciones educativas saben que tienen que "subirse a la ola" sí o sí.

"Hoy vimos a fondo Polonia: se hicieron carteleras con las características del país, la geografía, datos curiosos, personalidades. El Mundial sirve para conocer otras culturas, que en algunos casos son absolutamente distintas a las nuestras", cuenta a NA Nancy Pascual Rioja, docente de Ciencias Sociales.

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Foto NA/Juan Vargas.

Por su parte, Aldana Álvarez, la "profe" de Educación Física, se abocó a las reglas del juego y la complicada ley del offside tuvo casi una clase especial tras la derrota contra Arabia Saudita en el debut.

"Se aprovecha para trabajar los valores, el respeto por las otras nacionalidades, las religiones", acota otra docente. El combo mundialista también incluye a las figuritas, que "es la excusa para trabajar, sobre todo en los grados más chicos, Matemáticas, la numeración", explica Pascual Rioja, que destaca que "también sirvió para la vinculación entre los distintos grados".

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Con la tensión flotando sobre todo un país, los 40 chicos se juntaron en el aula y sus ojos se enfocaron en el televisor Admiral. Tras entonar con orgullo las estrofas del himno nacional, las gargantas alientan al equipo comandado por Lionel Scaloni.

El clásico "Argentina, Argentina" proviene tanto de chicos como de grandes, entre los que también hay algunos padres y algunas madres que fueron a ver el comienzo del partido en la escuela antes de retirar a sus hijos.

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Foto: NA/Juan Vargas.

"Ver el Mundial todos juntos acerca muchos a los chicos, sobre todo a los que no son muy afectos al fútbol. Nace el compañerismo, la unión, el sentirse argentinos. Cuando están todos juntos se unen", remarca Nancy. Ese compañerismo y esa unión que hay en la Scaloneta también se refleja en esta escuela pública porteña.

El buen juego de la Selección impulsa los ánimos y, cuando algunos intenta pararse de su silla, recibe el reto al unísono, para no tapar la tele.

Con el correr de los minutos empieza a disminuir la cantidad de alumnos, ya que es la hora de salida.

Ante cada uno de los ataques del conjunto argentino, las onomatopeyas están a la orden del día: tal vez la profe de Lengua tenga un tema para mechar en medio de la fiebre mundialista.

Cuando el VAR le da el penal a la Selección, estallan los ánimos. Pero cuando el arquero Wojciech Szczęsny le impide el gol a Messi, la euforia se congela y los chicos se quejan sin reacción.

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Foto NA/Juan Vargas

Apenas 15 alumnos quedan para el segundo tiempo y son los afortunados en poder ver el gol de Alexis Mac Allister: probablemente, algunos de sus compañeros estén en viaje hacia sus casas y se lo hayan perdido. Abrazos, aplausos y cantos celebran la apertura del marcador.

A mitad del segundo tiempo, la directora empieza a repartir jugos y galletitas para que los chicos merienden y pasen con más calma los nervios del partido.

Los embates argentinos siguen siendo constantes y el segundo está al caer. La combinación entre Enzo Fernández y Julián Álvarez hace que el actual delantero del Manchester City marque y provoque una nueva algarabía en la escuela.

Con la clasificación a octavos asegurada, los chicos empiezan a planificar y a comentar qué harán el próximo sábado a las 16 cuando la Selección se enfrente contra Australia.

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El final del partido hace que la jornada escolar, distinta a la del resto de los días, también concluya: como los jugadores se meten en el túnel rumbo al vestuario, los chicos gritan y aplauden mientras caminan por los antiguos pasillos de este edificio y se encuentran en la puerta con sus padres, para compartir la alegría.

Más de 13 mil kilómetros separan el Estadio 974 de esta escuela porteña, pero el compañerismo y la alegría son calcados.

Escrito por
NA - Buenos Aires, Argentina