Domingo, 01 Agosto 2021 07:48
Por Antonio D'Eramo

Wolovelsky: con el certificado de vacunación obligatorio marchamos hacia una especie de totalitarismo sanitario

El biólogo, profesor y escritor que fue uno de los pocos intelectuales argentinos que cuestionó, desde el principio, el confinamiento masivo ahora advierte acerca de los carnet de vacunación y su aplicación social.

Wolovelsky: con el certificado de vacunación obligatorio marchamos hacia una especie de totalitarismo sanitario Foto NA: JUAN VARGAS

Entre el conjunto de comentaristas televisivos y radiales existe una especie que es realmente despreciable. La de aquel que levanta el dedo acusador y habla con “el diario del lunes”, con el resultado puesto, con los hechos conocidos.

Sin embargo, hay otra especie de pensadores e intelectuales que merecen reconocimiento a diferencia de los anteriores, son aquellos que predijeron males futuros en el momento en que se tomaban medidas muy difíciles y complicadas por una pandemia viral como nunca antes conoció la humanidad.

En ese contexto, las advertencias iniciales del biólogo Eduardo Wolovelsky, realizadas los días posteriores del 20 de marzo de 2020, cuando el Presidente Alberto Fernández decretó un duro confinamiento mal llamado cuarentena, llamaron la atención de mala manera porque se oponían a una especie de consenso logrado entre algunos científicos asesores, “expertos”, a los medios de comunicación masivos y a la mayoría de la opinión pública.

Wolovelsky sostuvo en ese momento que “el duro aislamiento social no detendrá una enfermedad de transmisión aérea y producirá graves consecuencias en la salud física y mental en la vida de millones de personas. El confinamiento es una medida extrema en la que se ingresa fácil pero es muy  difícil salir". Además, luego de varios meses de medidas de asilamiento, sostuvo: " el debate posterior que se ofreció entre personas pro cuarentena o anti cuarentena fue una trampa simplificadora porque se trataba de una crisis muy, pero muy compleja, que sólo se podía administrar con mesura y diversidad de opiniones para poder sobrellevar la larga convivencia con el virus Sars-CoV-2”.

Como docente de una escuela media, en cuanto se pudo retornar a la presencialidad de las clases, lo hizo. Wolovelsky entiende que la educación o es presencial o no es. Y, pudo dialogar y recoger testimonios de jóvenes estudiantes que relataron sus vivencias durante el confinamiento y sus planes a futuro. Reunió esas voces y retomó sus artículos donde daba a conocer sus críticas a la política sanitaria y escribió un libro, Obediencia imposible. La trampa de la autoridad, recientemente editado por Libros del Zorzal.

Fuiste acusado públicamente y a través de redes sociales de negacionista, individualista, anti cuarentena, te insultaron por tus predicciones pero supongo que a pesar de todo ello no debes estar satisfecho por lo que ocurrió con el Covid-19 que terminó con la vida de cerca de 110.000 personas.

Hubiera querido equivocarme pero sabía que era imparable la crisis. Las acusaciones que me endilgaron fueron increíbles me llamaron individualista pero la cuarentena es la respuesta más individualista que pueda existir. Significa, me encierro en la cueva. Ahora bien, si tengo plata tengo una cueva mejor que otras para pasar el confinamiento, tengo más posibilidades de sobrevivir y de pasarla mejor. Quisiera saber dónde encuentran la declamada solidaridad en esa política. Mi crítica original tenía que ver con la necesidad de tener un debate porque no hay un fundamento epidemiológico significativo para realizar una cuarentena como se hizo por más que el experto a, b o c lo digan porque yo podría haber conseguido otros expertos que decían exactamente lo contrario para no tomar medidas tan extremas. Incluso tomando medidas muy extremas,  el gobernante tiene que poder revisarlas. El problema es que cuando se toman medidas tan duras luego se intentan justificar.

De hecho, la Declaración de Great Barrington, un documento público firmado por 14.000 científicos de universidades de todo el mundo y con posiciones ideológicas que iban de izquierda a derecha, ya advertía acerca de los problemas que traería el confinamiento masivo.

Desde luego, allí se encuentra el ejemplo de otros expertos que tenían otros argumentos a los del comité de científicos convocados por el Poder Ejecutivo. En la historia de la ciencia, ni hablar de la biología, las certezas científicas devienen en el tiempo, se someten a pruebas en el tiempo. Los expertos no pueden tener poder predictivo acerca de una cuestión novedosa y tan compleja.

Mi crítica a los expertos viene porque su saber es limitado poseen un saber necesario pero limitado. Decía el padre de la patología moderna el alemán, Rudolf Ludwig Karl Virchow, “una epidemia es una cuestión social con algunas cuestiones médicas”. Los expertos no pueden hablar entre bambalinas con los políticos, las discusiones deben ser públicas y tienen que poder discutir, públicamente, con el experto que se le contrapone y no descalificarlo porque no dice lo que le resultaría deseable. Cuando Alberto Fernández comparó nuestro país con Suecia debería haberse discutido, de manera abierta, con los científicos suecos para sopesar sus posturas. La idea que dentro de la ciencia no existen los conflictos, las opiniones divergentes, es falsa. Y, otorgarle a la epidemiología un poder predictivo que no posee y que no puede tener porque avanza sobre temas muy complicados, puede orientarme en tiempo presente pero no puede predecir lo que vendrá. Se trata de una falacia en la que se cae, casi siempre, porque el gobernante quiere descansar en el experto y la opinión pública quiere confiar en alguien con un título y ahí se pierde la discusión necesaria y la mesura necesaria y se toman medidas que terminan por empeorar las situaciones.

Realmente, la segunda ola de coronavirus terminó por confirmar que muchas cosas se hicieron mal que los resultados no son los esperados. El Presidente hablaba de 10.000 muertos terminaron siendo 100.000  y con la economía destrozada entre otras cuestiones no menores.

En un reportaje que ofreció Alberto Fernández surgió la discusión entre la economía o la vida. Es un claro ejemplo de simplifica y reinarás. Simplificó tanto el problema que hizo que la decisión pareciera fácil. La economía es mucho más que ir a producir y cobrar un salario, el trabajo es mucho más que eso. No sólo es el teatro de la vida también es la obra. Sin economía en realidad no hay vida. Y el planteo dicotómico del gobierno entre la economía o la vida es un reduccionismo que termina siendo trágico con efectos impresionantes. Lo que sucede es que si uno se asume como un salvador de vidas uno se convierte en incuestionable y allí está la trampa y con el tiempo los costos aparecen de igual manera.

Ahora bien, los consejeros del Presidente, ¿ qué responsabilidad tienen en la toma de decisiones del primer mandatario que, indudablemente, nunca pensó que iba a asumir el Poder Ejecutivo hablando de virus y de cuarentenas?

Bueno, el problema se encuentra en el poder predictivo que dijeron poseer. Aquí cabe una pregunta legítima de realizarse. Si alió todo tan mal ¿es mala praxis de parte de los expertos? Porque ellos dijeron que hablaban desde sus conocimientos técnicos y nada salió bien. Entonces, ¿no deberíamos plantearnos la cuestión de la mala praxis y, el comité de expertos,  no debería estar respondiendo por mala praxis? o ahora, finalmente con los resultados a la vista, van a reconocer que su saber no les permitía predecir a diferencia del año pasado cuando si lo hacían.

Cuando el doctor Pedro Cahn se definía como un anti muerte, bueno, yo ya no puedo discutir aparentemente en ese terreno. Hay un ejemplo literario formidable. Resulta que el gran doctor anti muerte de la cultura occidental es el mito de Mary Shelley, el Dr. Víctor Frankenstein, que tiene buenas intenciones, un fin loable, sólo que todo sale mal y mantiene en secreto su error y, de esa manera, permite que su familia sea asesinada o sea continúa con su lógica irreductible, no puede reconocer que salió mal su experimento y me parece que ese es el tema. Por lo que la pregunta por la figura de la mala praxis puede ser realizada.

Además, el confinamiento extenso de poblaciones gigantescas trajo aparejado paradojas como la de encerrar a los sanos, la de calificar a una persona como esencial o como no esencial, produjo otros males sanitarios y muchos casos certificados de problemas psiquiátricos.

La calificación de esencial o no esencial es completamente arbitraria porque, además, el trabajo no esencial, pasará a serlo de ahora en más al ser categorizado como de segundo lugar y ¿ qué es el trabajo esencial? Uno podría juzgar que el músico no es esencial en una sociedad pero yo te repongo que todos nosotros somos seres culturales y sin la cultura no podríamos ser humanos plenos por lo que el trabajo de un artista es esencial en una sociedad.

Citabas consecuencias productos del confinamiento, pero también se escucharon frases increíbles que quedan en el inconsciente colectivo. Por ejemplo, el virus acecha en el cuerpo del otro, entonces, el otro pasa a ser mi enemigo. El filósofo italiano Giorgio Agamben lo dijo, “si esto es una guerra la metáfora correcta es que esto es una guerra civil”. Fuimos muy pocos cuidadosos con los mensajes que se dieron. Otro mensaje, el que se contagia es por su culpa y si contagias a otro te convertís en un culpable. O la famosa frase, los niños van a matar a sus abuelos. Puede ocurrir, pero haber instalado esta figura, que sucede con muchas otras enfermedades infectocontagiosas, es dramático. ¿Acaso obligamos a los jóvenes a vacunarse contra la neumonía bacteriana o contra la gripe que pueden contagiar a sus mayores?

Por otra parte, esta política de confinamiento y desconfianza produce una cultura nueva. En lo laboral, el auge de la conectividad y el home office y, en las relaciones entre personas, la crisis sanitaria, económica de por medio que produce pérdida afectiva y que hace que a la gente se la vea abatida, deprimida.

Queda claro que la cultura moderna tiene un problema excesivo con la muerte, trata de exorcizarla como puede no de afrontarla. Dialogando con mis alumnos, de 15 años, les pregunto ¿ qué es lo contrario a la muerte? y una chica me da una respuesta interesante, lo contrario a la muerte es el nacimiento no la supervivencia y el nacimiento, no sólo de un hijo, sino de un libro, de una clase, una venta, una obra, un trabajo, entonces, si permanecemos confinados, lo que estamos cuestionando es el nacimiento, la natalidad, por lo que vivimos en una cultura tanatológica, de muerte.

Hay una pérdida del sentido de la existencia que, no es un sentido trascendental que proviene de la estructura del cosmos, es lo que podemos construir, lo que hacemos y si no lo podemos hacer perdemos humanidad. Como decía el escritor Primo Levi, sobreviviente del campo de concentración de Auschwichtz, “plantearse objetivos concretos en la vida es la mejor forma de enfrentar la muerte”. Y, de repente no podemos construir más objetivos. El objetivo, con la cuarentena estricta, es sobrevivir como animales en una cueva.

Con respecto a las nuevas prácticas laborales, el gran tema para cuestionarse, con la práctica del home office, es que sucede con los vínculos humanos porque el home office es una forma de anular los vínculos humanos y creo que es un aspecto relevante que hay que estudiar.

¿El pasaporte sanitario es un camino hacia la discriminación?

El tema de la vacunación, y quiero aclarar que yo no soy anti vacunas y además me vacuné con la que había en ese momento, en medio de un cambalache nacional por conseguir vacunas donde hay gente que está pidiendo por la segunda dosis para completar la inoculación, ahora aparece el vacunado y el no vacunado y vamos a poner el carnet para el vacunado y para el no vacunado.

Seguimos abriendo cajas de Pandora que después no podemos controlar. A mí me gustó una definición de una historiadora de Harvard acerca del inicio del régimen nazi que comenzó como un régimen de diagnóstico, se opone a éste individuo con respecto a éste otro. Una cuestión que no es patrimonio de la Argentina sino que sucede en muchas partes del mundo y los gobernantes parece que se copian unos a otros. Caminamos hacia una especie de totalitarismo sanitario.

Y, ¿para qué sirve el carnet de vacunación? Porque la vacunación te protege frente a la forma grave de la enfermedad, no baja el nivel de contagios, la gente se sigue contagiando con cepas nuevas y, entonces, ¿ porque quiero vacunar a los chicos y a los adolescentes de esta forma y exigirles un carnet si pueden contagiar igual? Todo es muy cuestionable.

¿No podemos tener un poco más de mesura e ir más despacio y terminar de garantizar la vacunación de las personas que tienen más riesgo de sufrir la forma grave de la enfermedad? Al contrario, aceleramos todo el tiempo con las medidas, como no habiendo aprendido nada del año y medio que transcurrió, de lo que significan las ideas e intervenciones extremas.

El escepticismo con las vacunas que tienen muchas personas, que no hay que confundir con el movimiento anti vacunas porque muchas de ellas están inoculadas contra otras enfermedades infecciosas, el hecho de esperar para decidir pasar por el vacunatorio. ¿Es una actitud tan irracional como dicen los funcionarios y el comité de expertos?

La población, en la mayoría de los países, no es anti vacunas, sólo están esperando porque son vacunas de emergencia, que se producen en medio de un problema geopolítico enorme. Por lo que no queda clara la razón por la cual existe tanta precipitación en las autoridades para censurar las dudas de la población que son razonables. No son individuos antivacunas, están observando, están esperando más resultados objetivos. Lo que ocurre es que calificarlos de anti vacunas resuelve los temas. Son los malos, son los irracionales. No se es anti vacuna sino que se está pidiendo un acto de moderación porque no sabemos ni entendemos lo que está pasando.

Hay un dato interesante, muchas de las personas que apoyaron la despenalización del aborto en nuestro país sostenían que el Estado no se puede apropiar del cuerpo del otro pero, en muchos casos, son los mismos que promueven que el Estado se apropie del cuerpo del otro bajo esta forma, vacunando de manera obligatoria, que es una forma de apropiación.

En 1927, en los Estados Unidos, la Corte Suprema de ese país justificó la ley de esterilización para el mejoramiento genético con un argumento basado en la ley de vacunación obligatoria. Este formato de, te obligo a vacunarte y me apropio de tu corporeidad, no es algo menor y los gobernantes deberían ser más cuidadosos porque no pueden predecir en que derivará todo esto. Deberían ser más cuidadosos acerca de que están exigiendo y que están pidiendo.

Es la primera vez que se quiere hacer obligatoria una vacuna para gente adulta. La vacunación obligatoria es para menores con vacunas muy seguras, muy probadas. Con el pasaporte sanitario me quieren obligar de manera indirecta a vacunarme y estamos en un problema muy serio porque es el Estado apropiándose de la corporeidad de las personas sumado al  hecho que como la vacuna no previene el contagio ni siquiera es un beneficio para terceros. Te dicen estas dañando a terceras personas y no es cierto. No lo estás haciendo si no te vacunas. Y, aunque así fuera, yo tendría el derecho a no hacerlo. Se está abriendo una caja de Pandora con las mejores intenciones, que en algunos casos como enseña la historia, pueden derivar en regímenes totalitarios como los  que han ocurrido en el siglo pasado. Seamos cuidadosos con este punto.

 

 

Escrito por Noticias Argentinas
Buenos Aires, NA