A pesar de que varios países de Europa hayan levantado sus restricciones de coronavirus, los contagios continúan y, en este continente, han vuelto a subir en las últimas semanas. Esto, según indica el director de la división europea de la OMS (Hans Kluge), se debe a la subvariante de Ómicron.

Hasta mediados de marzo, la más común era la BA.1, la cual sorprendía a los expertos en el área por su nivel de transmisibilidad, a pesar de que era menos contagiosa que las otras. Ahora, le llegó la BA.2, la variante Ómicron “silenciosa” que actualmente es la predominante en casi todo el mundo.

En Estados Unidos, según indicaron los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), alrededor del 55% de los casos nuevos de Covid-19 en el país fueron por la BA.2.

Mientras que en Asia también se detectó un repunte de casos a diario a partir de mediados de febrero.

Por qué se la denomina “silenciosa”

Suele suceder que son catalogadas como tal porque no posee el marcador genético que los investigadores habían estado usando para determinar rápidamente si la infección se daba por la BA.1 (Ómicron “regular”) o por la variante Delta.

Esto significa que una infección por BA.2 puede detectarse por medio de una prueba de flujo lateral o un PCR, pero no pueden distinguir BA.2 de Delta, ya que para estar seguros se necesitan hacer varias pruebas.

Qué es la BA.2

Se trata de una subvariante de Ómicron, ya que a medida que los virus mutan en nuevas variantes, a veces se dividen o se ramifican en sublinajes.

Tal es el caso de la variante Delta, que posee 200 subvariantes diferentes. Mientras que Ómicron tiene los linajes BA.1, BA.2, BA.3 y B.1.1.529.

Si bien todavía no se sabe dónde se originó, se detectó por primera vez en noviembre pasado en Filipinas.

Ésta ha sido asignada como una “variante bajo investigación” por las autoridades sanitarias británicas. Si bien es contagiosa (ya que un estudio realizado por el SSI de Dinamarca encontró que era “sustancialmente” más transmisible que BA.1), no es sumamente peligrosa.