Lunes, 01 Marzo 2021 14:18
Por Pablo Sieira

Una Asamblea Legislativa atípica: chicanas, poca gente, barbijos y virtualidad

Solo 97 legisladores se senataron en sus bancas para escuchar al Presidente. Hubo cruces entre la oposición y el mandatario y cotillón de Insfrán.

El presidente Alberto Fernández. El presidente Alberto Fernández. NA.

La pandemia de Covid-19 mostró hoy sus efectos en lo que fue la primera Asamblea Legislativa de la historia desarrollada bajo modalidad remota, con pocos diputados y senadores en sus bancas y escasa cartelería opositora, aunque las críticas y comentarios de la bancada de Juntos por el Cambio se hicieron escuchar en el recinto semi vacío y generaron la reacción del presidente Alberto Fernández y del Frente de Todos.

Apenas 97 legisladores nacionales se sentaron en las bancas de la Cámara de Diputados, donde seis pantallas instaladas en el recinto mostraron las caras de quienes siguieron el discurso presidencial desde sus provincias o despachos, entre ellos, el jefe de la bancada del Frente de Todos, Máximo Kirchner, el único presidente de bloque que no se hizo presente.

Gobernadores, jueces de la Corte Suprema y parte del equipo de ministros -incluido el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero- también fueron rostros en una pantalla, muestras de la virtualidad obligada por el coronavirus. 

La vicepresidenta Cristina Kirchner abrió la sesión a las 11:35 y lo primero que se escuchó fue al diputado de Juntos por el Cambio Ferrnando Iglesias gritarle a la titular del Senado: "Cumplí con la ley, ponete el barbijo". Fue el inicio de una seguidilla de gritos y comentarios que el legislador realizó en cada pausa del discurso del jefe de Estado, acompañado por su compañero de bloque Waldo Wolff.

Mientras los jefes del interbloque de Juntos por el Cambio de diputados y senadores, Mario Negri y Luis Naidenoff, respectivamente, tomaban nota de los puntos principales de la exposición de Fernández, que se extendió por una hora y 47 minutos, Iglesias y Wolff se dedicaron a lanzar críticas.

Cuando el mandatario, en una alusión al escándalo de las vacunas, señaló que "si se cometen errores" él los reconoce, Wolff, desde su banca, lanzó: "Son delitos, Presidente , no errores".

Fernández miró entonces a su izquierda, hacia la bancada opositora, y continuó con su discurso, precisamente con el párrafo en el que cuestionó a quienes "representan a poderes concentrados", lo que fue recibido con aplausos por parte de la bancada oficialista.

No obstante, el verdadero cruce se dio cuando Iglesias gritó "20 mil millones", en referencia a la deuda en dólares contraída por el Gobierno en el último año, ante lo cual el jefe de Estado se salió del libreto brevemente y retrucó: "Hubo cuatro años que no hablaron".

Más adelante, Fernández volvió a apartarse del discurso escrito cuando, ante un comentario de la oposición sobre el peronismo, expresó: "A los que me dicen peronista queriendo descalificarme, solo puedo decir que me enorgullece".

Las réplicas fueron celebradas por el Frente de Todos, donde varios legisladores se cansaron de chistarle a sus pares de la oposición en demanda de silencio, con la excepción de algunas como la vicejefa de los senadores oficialistas, Anabel Fernández Sagasti, que se limitó a revolear los ojos en señal de fastidio e intentó no llevarles el apunte a los verborrágicos Iglesias y Wolff.

Salvo por ellos dos, el resto de los representantes de Juntos por el Cambio siguió el discurso en silencio y con algunos gestos de desaprobación, aunque se los notó incómodos cuando el Presidente pidió un aplauso de pie para la tarea del personal de salud en medio de la pandemia.

Los diputados de la oposición se quedaron sentados por unos segundos, Alfredo Cornejo intercambió un breve comentario con Naidenoff y luego ambos, junto a Negri y el jefe del bloque del PRO, Cristian Ritondo, se pararon para acompañar el aplauso, aunque con escasa efusividad.

La poca presencialidad impactó en la clásica exhibición de carteles con críticas al Gobierno que esta vez no tuvo lugar, salvo por la careta del gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, y un gorro de preso, que la diputada de la Coalición Cívica Mónica Frade colgó de su banca.

En señal de protesta contra el aislamiento en la ciudad formoseña de Clorinda y las denuncias por presuntas irregularidades, la legisladora lució además una remera que emulaba el traje a rayas de un preso, con la inscripción "30-8-20", en alusión al inicio de la cuarentena en esa zona.

Otro momento de tensión se dio cuando Alberto Fernández mencionó a "un fiscal procesado", en referencia a Carlos Stornelli, a lo que Wolff e Iglesias, en medio de los aplausos de la bancada oficialista, gritaron: "¡Y una vicepresidenta también!".

Los pañuelos verdes y celestes que durante varios años se vieron en la Asamblea Legislativa como símbolo de la discusión en torno a la legalización del aborto parecieron ser reemplazados por el objeto distintivo de la pandemia: el barbijo.

La inmensa mayoría de los 97 legisladores presentes no se quitó el tapabocas en ningún momento, pero hubo una minoría que lo usó poco y nada, como el diputado Wolff -que ingresó al recinto con un barbijo rojo que se quitó en reiteradas oportunidades- su par del oficialismo Facundo Moyano y el senador del Frente de Todos Edgardo Kueider.

Buena parte de los ministros del Gabinete nacional siguieron el discurso del Presidente desde los palcos del recinto, donde se ubicaron en grupos o "burbujas".

En uno, la ministra de Justicia, Marcela Losardo, junto a su par de Desarrollo Social, Daniel Arroyo y la titular de la Anses, Luana Volnovich; en otro, la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, junto a los ministros de Interior, Eduardo De Pedro, de Mujeres, Elizabeth Gómez Alcorta, y de Obras Públicas, Gabriel Katopodis.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se ubicó junto a sus pares de Defensa, Agustín Rossi, y de Transporte, Mario Meoni; la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra siguió la sesión desde otro palco y, apartados, la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont y el procurador del Tesoro, Carlos Zannini.

Al finalizar el discurso de Fernández, algunos de los funcionarios presentes empezaron a cantar con enjundia "Alberto presidente", con Katopodis como el más entusiasmado.

Escrito por
Buenos Aires, NA