| Última actualización: 01 de Octubre de 2022 - 08:12

Mientras el Gobierno "mira al norte", la oposición recobra parte de la centralidad perdida

Fernández, Massa y Wado de Pedro visitaron EEUU en busca de estrechar vínculos y atraer inversiones, pero en el plano doméstico el oficialismo ofrece motivos para que la oposición recupere protagonismo: mapuches, acampe piquetero, conflictos sindicales y tomas de colegios, principales ejes de discusión.

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El ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro, junto con Alejandro Mayorkas, titular del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. El ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro, junto con Alejandro Mayorkas, titular del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. Foto/NA.

Primero fue Sergio Massa, luego Alberto Fernández y más tarde Eduardo "Wado" de Pedro: en cuestión de semanas, tres referentes de la coalición de Gobierno, y funcionarios centrales en la estructura de poder del Frente de Todos, encabezaron visitas oficiales a Estados Unidos en busca de estrechar lazos con la nación norteamericana, además de atraer inversiones.

Viajó Massa como flamante ministro de Economía y días después, el presidente Fernández, para ratificar el voto de confianza del Fondo Monetario Internacional (FMI) hacia la Argentina, en el marco de un multimillonario acuerdo entre ambas partes, antes de que llegue el turno del ministro del Interior, acompañado incluso por gobernadores de la zona norte del país.

Este peregrinaje de funcionarios nacionales por Estados Unidos deja traslucir una suerte de viraje en la estrategia de política exterior del Gobierno, especialmente en comparación con aquella gira de Fernández "vestido de rojo" por China y Rusia, donde incluso comentó a su par ruso, Vladimir Putin, su intención de ofrecer a la Argentina como puerta de ingreso de aquel país a América Latina, justo antes de la invasión ordenada por Moscú a Ucrania el 24 de febrero pasado y el comienzo de la guerra.

Superada la urticaria que generó en el oficialismo recientes comentarios del embajador estadounidense en Buenos Aires, Marc Stanley, sobre el potencial de los recursos naturales de la Argentina y el desafío que esta situación supone para la clase dirigente doméstica -palabras que fueron mal interpretadas por el núcleo duro K, al impregnarlas de un condimento electoral que en su esencia esas declaraciones no poseían-, el diplomático norteamericano cumplió un rol importante para que las excursiones de Massa, Fernández y De Pedro resulten exitosas.

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Hasta la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, había salido al cruce de Stanley en aquel momento. También se destacó en su tarea el embajador argentino ante EE.UU., Jorge Argüello, que además de oficiar de timonel durante las recorridas de los funcionarios nacionales por el país norteamericano, confirmó la realización en las próximas semanas de una reunión bilateral entre Fernández y su par estadounidense, Joe Biden, en la Casa Blanca. Resta confirmar fecha y hora aún.

Resulta evidente frente a esta situación que el Gobierno comenzó a "mirar al norte", mientras Fernández busca mostrarse frente a Washington como una voz autorizada -y potente- en la región, al menos hasta que se resuelvan las elecciones en Brasil: si Luiz Inácio Lula da Silva, a los 76 años, logra desbancar a Jair Bolsonaro (67) y convertirse nuevamente en presidente del vecino país, quizá la ecuación cambie para el mandatario argentino en el futuro cercano.

"Si me pasa algo, que nadie mire hacia el Oriente, miren hacia el norte", decía la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en octubre de 2014, en aquel momento jefa de Estado, en un acto en el que se refirió a amenazas que, según dijo, había recibido de parte del grupo terrorista Estado Islámico. También había asegurado que "sectores concentrados de la economía" querían "voltear al Gobierno".

Un problema económico con Estados Unidos

Pues bien, años más tarde, con el peronismo nuevamente en el poder, quien enfocó su mirada hacia Estados Unidos es la cúpula del oficialismo y a propósito, durante el reciente viaje de "Wado" de Pedro, autoridades norteamericanas ratificaron que están dispuestas a colaborar en la investigación del intento de asesinato de Cristina del 1° de septiembre pasado en el barrio porteño de Recoleta.

Ocurre que para el Gobierno, el vínculo con el país de América del Norte es clave en la actualidad, sobre todo desde el punto de vista comercial: "Nuestro principal problema con Estados Unidos no es ideológico sino económico. Tenemos un déficit anual que promedia los 1.000 millones de dólares con ellos y toda gestión que conlleve posibilidades de inversión o de abrir nuevos mercados para generar dólares virtuosos es bienvenida", dijeron a NA fuentes de Cancillería.

"Estados Unidos es un socio comercial clave para la Argentina en materia de exportaciones, así como también en inversiones directas en nuestro país. El objetivo es reducir la balanza comercial deficitaria", agregaron. En el lapso de un año, el canciller Santiago Cafiero mantuvo cuatro encuentros bilaterales con el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, en busca de avanzar en pos de esa meta. De cualquier modo, la Argentina insiste en manifestar en foros internacionales su rechazo a los bloqueos que sufren Venezuela y Cuba. Esa postura se mantiene firme.

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En el plano doméstico, en cambio, volvieron a quedar en evidencia en los últimos días las miradas divergentes -combinadas con pasos en falso- que conviven en el Gobierno frente a situación relevantes y de interés general. De esa manera, el oficialismo ofreció gentilmente a la oposición, en especial a Juntos por el Cambio (JxC), motivos para recobrar parte de la centralidad perdida en la agenda nacional.

El recrudecimiento del conflicto con agrupaciones supuestamente mapuches en zonas de la Patagonia, sumado a un nuevo acampe piquetero en cercanías del Ministerio de Desarrollo Social, sin que el Gobierno consiga avanzar en un principio de acuerdo con los manifestantes, y a la reaparición de Cristina en redes sociales en procura de "marcarle la cancha" a Massa, entre otros acontecimientos significativos de la semana que levantaron polvareda en la opinión pública, se combinaron para generar un escenario propicio para que JxC recupere protagonismo.

Además, legisladores nacionales de Juntos Somos Río Negro, aliados al Frente de Todos (FdT) en el Congreso, fustigaron en estos días la "tibieza cómplice" de la Casa Rosada frente a la escalada de violencia en esa provincia sureña, en especial en el área de Villa Mascardi, tras un ataque de encapuchados armados a un puesto de Gendarmería nacional y una posterior toma de tierras, frente a una total inacción -hasta el momento- por parte del Estado.

Advertencia por la soberanía sobre la Patagonia

"Esta situación es intolerable", enfatizó la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, que tras compartir un acto con Fernández en General Roca agregó, sin eufemismos: "Está en discusión la soberanía nacional sobre la Patagonia". El presidente evitó explayarse en su discurso sobre la problemática con los presuntos mapuches en el Sur, aunque la mandataria local dijo que le prometió que la semana próxima se instalará un comando conjunto de fuerzas federales en esa provincia.

La sucesión de incidentes en esa región del país, que ponen al desnudo el persistente cortocircuito que existe en el seno del Gobierno entre su obligación de velar por el bien común y sus condicionantes de origen ideológico, motivó una renovada embestida de JxC contra el oficialismo e incluso envalentonó al ex presidente Mauricio Macri, a punto tal de vaticinar que "el año que viene gobernará la oposición".

Juntos por el Cambio también cuestionó la demora en la resolución del conflicto gremial con los trabajadores de la industria del neumático, lo que redundó en una parálisis de la producción -mientras se multiplica el robo de ruedas en el país-, y apuntó, además, contra la agrupación ultra-kirchnerista La Cámpora, al asegurar que está detrás de las recientes tomas de colegios en la ciudad de Buenos Aires.

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Antes del crucial tratamiento en el Congreso del Presupuesto 2023, que anticipa tímidamente un panorama sombrío para el año que viene, el FdT se las había ingeniado para dominar la agenda nacional. Sin embargo, en el inquieto subibaja de la política doméstica, la oposición encontró en los últimos días las excusas perfectas para asumir un rol más dominante.

Frente a este contexto, y en especial con motivo de un aumento de la indigencia en el país -que enciende luces de alerta, más allá de una ligera baja de la pobreza, según datos oficiales-, Cristina salió a pedirle a Massa decisiones enérgicas contra las empresas que producen alimentos. Quien le respondió fue el viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, el mismo cuya designación en algún momento había quedado en duda por sus acalorados comentarios anti-K, y en contra del Gobierno en general, en redes sociales. En esta ocasión, apuntó la mira al "desorden cambiario".

Mientras tanto, el titular del Palacio de Hacienda celebró el éxito del "dólar soja", pero en la Casa Rosada abrieron el paraguas de cara a fines de año y aseguraron que estaba en estudio un "bono" especial para los sectores más vulnerables de la sociedad, en un intento por paliar las consecuencias de una espiral inflacionaria que incluso amenaza con incrementarse: consultoras privadas advierten con un aumento del costo de vida anual superior al 120 por ciento para 2023 (el Presupuesto prevé un 60%).

Por último, en medio de la actual coyuntura, probablemente combatir al fantasma del fracaso, o la sensación de "fin de ciclo" al menos, se constituya en uno de los principales desafíos con los que deberá lidiar el Gobierno, ya en clave electoral, en el corto plazo. En lo inmediato, hasta la organización del acto por el 17 de octubre -el Día de la Lealtad peronista- resulta hoy por hoy una empresa compleja para el oficialismo: ¿volverán a coincidir Alberto y Cristina en un escenario? Parece poco probable.

Escrito por
NA - Buenos Aires, Argentina