| Última actualización: 31 de Octubre de 2022 - 15:46

El kirchnerismo insiste con la suspensión de las PASO, pero ¿le conviene realmente a Cristina?

Para la dirigente con mayor caudal de voto cautivo dentro del Frente de Todos las primarias son un instrumento de presión, un "as bajo la manga" a la hora de imponer condiciones en el armado de las listas.

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Cristina Kirchner, junto a Alberto Fernández en un acto. El presidente defiende las PASO. Cristina Kirchner, junto a Alberto Fernández en un acto. El presidente defiende las PASO. Foto: NA/Juan Vargas.

Con el argumento de que así lo piden, en teoría, gobernadores e intendentes, un referente del kirchnerismo más duro como el ministro del Interior, Eduardo "Wado" de Pedro, se mostró en las últimas horas decididamente a favor de suspender las PASO del año que viene e insistió en la necesidad de "convencer" al presidente Alberto Fernández sobre la conveniencia de la medida.

De Pedro expresó su opinión luego de que un diputado de Juntos Somos Río Negro, Luis Di Giacomo, aliado al Frente de Todos (FdT), presentara un proyecto que propone la eliminación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), a fin de "ahorrar", según dijo, 22.500 millones de pesos. Su propuesta se conoció apenas un rato después de que se aprobara en la Cámara baja el Presupuesto 2023.

La iniciativa, además de generar urticaria en Juntos por el Cambio (JxC) y en la oposición en general, profundizó la "grieta" dentro del propio Gobierno entre kirchneristas y albertistas. En ese contexto, el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, cruzó a su colega de Interior y delegado del cristinismo en la Casa Rosada y sin eufemismos planteó: "Que se deje de joder".

"Acá no hay nadie que le pueda decir al Presidente que no puede ser candidato", agregó. Ocurre que en el seno del albertismo entienden que el reclamo de suspensión de las PASO persigue como finalidad política, por parte del núcleo duro K, cercenar la posibilidad de que Alberto Fernández se presente eventualmente a una reelección en 2023 y, al mismo tiempo, favorecer el armado "a dedo" de las listas del oficialismo, con la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, encargándose de ese asunto como sucedió en 2019.

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El jefe de Estado insiste en defender la realización de las PASO, por más que "Wado" de Pedro y compañía intenten "convencerlo" para que cambie de opinión, e incluso invitó en estos días a Cristina a participar como candidata en una interna oficialista el año que viene, mientras recibe de parte de dirigentes afines muestras de apoyo para que se lance en busca de una renovación de mandato.

Claramente, desde una posición de debilidad Fernández plantea, en su rol de presidente de la Nación, dirimir candidaturas en elecciones primarias en 2023, sabiendo que el Gobierno deberá esforzarse y mucho en los próximos meses de gestión si pretende evitar una derrota en los comicios del año que viene: un largo y sinuoso camino tiene por delante en tal sentido, en especial en lo que se refiere a la inflación. Algunas consultoras estiman que el costo de vida podría aumentar incluso el doble del 60 por ciento estimado en el Presupuesto.

Pero más allá de la situación de Fernández en particular, y de sus aspiraciones políticas de cara a la votación general que se avecina, resulta evidente -también- que si una PASO, como herramienta ordenadora de las distintas ofertas electorales que se puedan presentar, se realiza en un contexto en el que más gente esté planeando darle la espalda al Gobierno que brindarle su respaldo en las urnas, al oficialismo le conviene que esa instancia sea suspendida.

Un escenario alambicado para el Gobierno

Porque son comicios que, en la actual coyuntura argentina, ofrecerían la información necesaria -y con lujo de detalles- para que los votantes sepan cuál podría ser, a la luz de los resultados, la propuesta más contundente para vencer a la coalición oficialista en los comicios generales: el kirchnerimo lo que pretende es justamente privar de ese beneficio a la oposición, sobre todo a JxC.

Desde hace meses que el Gobierno no logra esquivar el momento adverso por el que transita y más allá de los anuncios económicos que el ministro Sergio Massa busca promocionar desde el Palacio de Hacienda, tampoco está previsto que en 2023 la coyuntura cambie para el oficialismo de manera significativa. Y eso sumado a quienes de por sí planean un voto "anti-K" y esperan a que sean las PASO las que definan la fórmula "ideal" para respaldar luego en octubre y potenciar así sus probabilidades de triunfo en los comicios generales.

La suspensión de las primarias reduciría a cenizas su efecto ordenador, en un contexto que encuentra a referentes de JxC peleando como perros y gatos en busca de mayor repercusión mediática y fortalecer su perfil proselitista, aguardando también a que sean finalmente esas elecciones las que resuelvan candidaturas. El kirchnerismo, por su parte, apuesta a que la principal alianza opositora se fracture en caso de no poder subsanar en una interna general en agosto de 2023 sus diferencias orgánicas.

Es decir, lo que suponen -y probablemente con razón- quienes pugnan por dar de baja las PASO es que el principal perjudicado con esa decisión sería Juntos por el Cambio. Sin embargo, llegado el caso y siempre dentro de un terreno de conjeturas: ¿a Cristina, en su rol de líder fundamental dentro del FdT, al ser la dirigente con mayor caudal de voto cautivo en la coalición oficialista, le conviene realmente que se suspendan las primarias? ¿Es beneficioso para ella?

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A simple vista, no daría esa sensación. ¿Por qué? Porque se quedaría sin un instrumento de presión clave a la hora de definir candidaturas. Es decir, con la carta de las PASO bajo la manga, a la ex presidenta le resulta obviamente más sencillo desactivar eventuales cuestionamientos y reclamos de terceros al momento de armar las listas "a dedos". Palabras más, palabras menos, Cristina puede plantear a los díscolos: "El que no esté de acuerdo, que vaya a una interna".

Los gobernadores peronistas, según "Wado" de Pedro, subrayan la necesidad de evitar al menos una de las instancias electorales previstas para 2023, con la supresión de las primarias nacionales. Suena lógico, pero en función de sus propios intereses: sin esos comicios incluidos en el calendario quedarían más liberados -probablemente- para resolver la designación de candidatos con vistas a la votación general de octubre.

Incluso en la provincia de Buenos Aires, en lo que se refiere a contiendas municipales, la alternativa de "ir a una interna", en formato de cláusula gatillo a la hora de negociar ubicaciones en las boletas, es cardinal para el kirchnerismo si pretende imponer condiciones en aquellos distritos en los que Cristina atesora un voluminoso porcentaje de voto cautivo, en especial en el populoso Conurbano. Allí justamente, en ese terruño electoral K por excelencia, la agrupación La Cámpora busca abrirse camino y viene sosteniendo una porfiada pulseada con el justicialismo tradicional.

"Para poder poner a dedo candidatos propios e incidir en el armado de las listas Cristina necesita las PASO", aseguró en diálogo con NA el politólogo Lucas Romero, director Synopsis Consultores. Si en efecto el kirchnerismo presupone que las elecciones del año que viene están perdidas, será fundamental para ese espacio reunir un número significativo de legisladores propios y/o leales en ambas cámaras del Congreso para sostener desde allí una resistencia al nuevo Gobierno, pensando en un hipotético regreso a Balcarce 50 en diciembre de 2027.

¿Un globo de ensayo del cristinismo?

Si esa es la lógica que impera en el Instituto Patria, si esa es la estrategia que se propone llevar adelante el cristinismo, entonces sería claramente contraproducente que se suspendan las internas nacionales previstas para agosto del año que viene, más allá de que a priori, el FdT no cuenta hoy con los votos suficientes en el Parlamento para avanzar con una modificación de la ley vigente, dándole curso al proyecto de Di Giacomo u otra iniciativa similar.

En lo que de todos modos parece ser un globo de ensayo por parte del sector K del Gobierno para intentar persuadir al presidente Fernández para que se baje de la contienda electoral de 2023 y desista, incluso, de señalar eventualmente a un candidato de su espacio para que compita en una PASO oficialista, se necesitará tiempo y muñeca para la rosca política en el Congreso si finalmente el Frente de Todos decide impulsar la medida (suprimir las primarias), con el pretexto del ahorro de dinero en un contexto que demanda austeridad.

Y está claro que si el oficialismo, pese a la negativa del propio jefe de Estado, resuelve en el Parlamento debatir la propuesta de Di Giacomo debe apresurarse, dado que apenas tiene por delante un mes de sesiones ordinarias. Dicho sea de paso, quien tiene la lapicera -y la tinta- para firmar cualquier extensión de actividades en el ámbito legislativo nacional es... Alberto Fernández, como presidente del país.

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JxC de por sí le baja el pulgar al intento de quitar las PASO del calendario electoral de 2023: a esa instancia pretenden llegar justamente el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y la titular de PRO, Patricia Bullrich, como principales contendientes presidenciales del partido amarillo. La ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal abriga similares ambiciones, aunque de momento corre por detrás de aquellos dos en encuestas sobre intención de voto. El radicalismo, por su parte, toma impulso y considera que llegó la hora de regresar a la cima del Poder Ejecutivo nacional, más de 20 años después de la estrepitosa caída de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001.

Mientras tanto, en la principal coalición opositora se pelean en la actualidad por tratar de "responderle" al oficialismo con la frase más categórica, ocurrente o fulminante, en busca de ganarse un titular en la prensa y, al mismo tiempo, polarizar con el Gobierno -incluida Cristina-. También proliferan las chicanas internas, con renovadas embestidas en los últimos días de referentes del radicalismo hacia líderes macristas, lo que algunos dirigentes del partido amarillo evalúan como un intento de ganar notoriedad por parte de Gerardo Morales o de Facundo Manes y "levantarse el precio", al buscar confrontar, por ejemplo, con un peso pesado como el ex mandatario Mauricio Macri.

Finalmente, con respecto al propio Macri, y según pudo averiguar NA, el fundador de PRO aún evalúa qué rol desempeñará en las próximas elecciones y hoy estaría "más cerca" de optar por no competir que de presentarse como candidato. Mientras tanto, respalda a Bullrich de igual modo que le dio su bendición a Vidal y al intendente de Lanús, Néstor Grindetti, para que pugne por la Gobernación bonaerense. También patrocina al ex ministro provincial Joaquín de la Torre, a quien considera como un "peronista bueno".

Macri, en cambio, mira de reojo a Diego Santilli -el candidato de Rodríguez Larreta para tratar de desbancar a Axel Kicillof- y a Cristian Ritondo, el postulante de Vidal. De todos modos, el jefe del bloque de diputados de PRO acordó con Grindetti que después del verano el que "esté mejor" de los dos seguirá adelante con su candidatura y el otro lo acompañará, mientras ambos se muestran juntos en estos días en recorridas por el Conurbano. El punto de inflexión sería marzo de 2023 probablemente.

 

Escrito por
NA - Buenos Aires, Argentina