Cientos de personas se manifestaron frente al Capitolio de Atlanta, Georgia, este sábado.

El presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris visitaron el viernes el estado, donde reconocieron un "aumento vertiginoso" de acoso y violencia contra los asiático-estadounidenses, tras un año en el que han sido culpados por la aparición del coronavirus. 

"Las mujeres que murieron, veo a mi familia en ellas (…) Siento que con demasiada frecuencia, simplemente estamos borrados", denunció Timothy Phan, residente de Port St. Lucie (Florida), quien condujo ocho horas para asistir a la protesta.

La ola de violencia, y principalmente el tiroteo contra tres salas de 'spa' el pasado martes, en el que seis de las ocho mujeres fallecidas eran de origen asiático, despertaron la indignación en el país.

Líderes de la comunidad asiática afirman que durante el último año se ha registrado una creciente agresión contra los asiático-estadounidenses, que desde que inició la pandemia, bajo la entonces Administración del expresidente Donald Trump, han sido culpados de la propagación del Covid-19, luego de que el virus fuera detectado por primera vez en la ciudad china de Wuhan.

Los senadores demócratas de Georgia Raphael Warnock y Jon Ossoff asistieron a la protesta en apoyo a los manifestantes y precedieron un minuto de silencio por las víctimas.

"Nos reunimos hoy para honrar y recordar a quienes perdieron la vida y para exigir justicia (…) Construyamos un estado y una nación donde nadie viva con miedo por quiénes son o de dónde vienen ellos o su familia", declaró el senador Ossoff.

Las autoridades estadounidenses han identificado a las mujeres atacadas como inmigrantes y madres, descritas por sus familiares y amigos como trabajadoras. "Era una madre soltera que dedicó toda su vida a mantener a mi hermano y a mí", escribió en su cuenta de Twitter Randy Park, hijo de una de las mujeres asesinadas.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y la vicepresidenta, Kamala Harris, se dirigieron a Atlanta el viernes, tras el asesinato masivo, donde se reunieron con líderes de la comunidad asiático-estadounidense. Biden dijo que su nación no puede ser cómplice del racismo y la xenofobia, y lamentó que el odio "a menudo se ha encontrado con el silencio en Estados Unidos".

La vicepresidenta Kamala Harris, una californiana de ascendencia africana y asiática, también reconoció el aumento de la violencia contra estas personas desde que inició la pandemia, en una aparente reprimenda contra el expresidente Donald Trump, que se refirió siempre a la enfermedad como el "virus chino".

"El racismo es real en Estados Unidos y siempre lo ha sido. La xenofobia es real en Estados Unidos y siempre lo ha sido. El sexismo también (…) El presidente y yo no nos quedaremos callados. No nos quedaremos al margen. Siempre hablaremos en contra de la violencia, los delitos motivados por prejuicios y la discriminación", sostuvo Harris.

Biden agregó que los estadounidenses están "aprendiendo de nuevo lo que siempre hemos sabido: las palabras tienen consecuencias".