Publicado el 15 de Mayo de 2022 - 08:19 | Última actualización: 15 de Mayo de 2022 - 08:23

Putin pretende cambiar el orden mundial y reconstruir el Imperio Ruso/Soviético sin descartar el uso de armas nucleares

Las tropas rusas están llevando adelante un genocidio contra la nación ucraniana, pero sus soldados no creen que están cometiendo crímenes de guerra porque la propaganda rusa les ha enseñado a no considerar a los ucranianos como seres humanos.

Por Oleksandra Kovalyóva
Rusia atacó sistemáticamente infraestructura civil desde el comienzo de la invasión a Ucrania. Rusia atacó sistemáticamente infraestructura civil desde el comienzo de la invasión a Ucrania. Foto: NA/MBCY.

Para mí y mi familia la guerra con Rusia empezó en 2014, porque somos de Crimea -una península en la parte sur del territorio de Ucrania- que fue ocupada el 27 de febrero, exactamente casi ocho años antes del inicio de la intervención actual.

En aquel tiempo estaba trabajando en la capital de Ucrania, Kyiv (Kiev), en la Academia de Ciencias de Ucrania, y mi familia se quedaba en Crimea. Unos meses más tarde mi hermano llegó a Kyiv también: él fue forzado a irse de Crimea porque renunció oficialmente a obtener la ciudadanía de Rusia que toda la gente de Crimea debía obtener automáticamente.

Nuestra mamá se mudó a Kyiv un par de años después. Hemos podido comprar un departamento en un barrio nuevo en una ciudad pequeña cerca de Kyiv, a unos cuatro kilómetros de su límite. Como soy analista profesional, yo entendía que Rusia podía estar preparándose para atacar a Ucrania.

Durante unos meses Rusia estuvo juntando tropas en una cantidad sin precedentes en casi toda la extensión de la frontera de Ucrania. Pero ni siquiera mis colegas creían que pudiera ser una ofensiva de gran escala y menos una masacre verdaderamente premeditada de la gente civil, incluyendo niños.

El 24 de febrero pasado me desperté a las 5 de la madrugada al escuchar unos sonidos fuertes de explosiones que sacudieron mi cama y a todo el edificio de 11 pisos en el cual está nuestro departamento. Cabe decir que de este mismo modo empezó la invasión de Ucrania por la Alemania fascista el 22 de junio de 1941, cuando las tropas de Adolf Hitler comenzaron a bombardear Kyiv.

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En el primer día de la intervención hemos oído muchas explosiones de lejos, hemos visto dos aviones de bombardeo rusos que pasaron muy cerca de nuestro edificio a poca altura y también un helicóptero ruso que pasó volando muy cerca del techo. En el segundo día hemos oído explosiones muy cerca de nuestro edificio cuando cayó un misil de crucero. Por eso, nos tomó menos de una hora tomar una decisión positiva y juntar las cosas cuando nuestros amigos nos ofrecieron llevarnos a otra ciudad donde viven nuestros familiares -una ciudad de Lviv (Leópolis) que está más cerca de la frontera de Polonia y que se creía en aquel momento que íbamos a estar más seguros-.

Ahora ya sabemos que no hay ningún lugar seguro en Ucrania porque los misiles y las bombas rusas caen por todos lados, destruyendo mayormente los edificios de vivienda civiles. No es tanto por desviación sino por la intimidación de la población, que es la estrategia preferida del ejército ruso, y también por las órdenes que obtienen de su alto mando (confirmados por soldados capturados y por llamadas telefónicas interceptadas) de matar a todos -lo que comprueba que se trata de un genocidio en contra de la nación ucraniana-.

No es el primer caso de genocidio ejecutado por los rusos en Ucrania: han matado casi 9 millones de ucranianos en solo dos años, en 1932-1933, por organizar una hambruna artificial, llevándose toda la comida de la gente y sitiando los poblados para que nadie pudiera salir.

Ahora usan la misma táctica en diferentes ciudades de mi país (Mariúpol, Jersón) para hacer capitular a sus defensores. Los ocupantes rusos ya se han llevado casi 500 toneladas de trigo y muchas maquinarias agrícolas desde Ucrania a Rusia. Según estimaciones de la ONU, esto puede llevar a la miseria y hasta a la hambruna a más de 1,7 billones de personas en aquellos países para los cuales Ucrania ha sido su proveedor principal del trigo.

En Ucrania, cada uno tiene su propio frente de combate

Ahora cada mañana para mí y para la mayoría de los ucranianos empieza de igual manera: revisamos noticias y llamamos o escribimos a nuestros familiares, amigos y colegas para asegurarnos de que siguen vivos, en especial los hombres que han sido movilizados. Cada día leemos historias terribles sobre gente que ha sido capturada por soldados rusos y está sufriendo torturas terribles, sobre adolescentes violados, niños asesinados, hombres y mujeres secuestrados; oímos de nuestros conocidos que ellos tuvieron que pasar semanas y hasta meses en sótanos fríos y húmedos sin comida, agua ni aire fresco.

Incluso mi hermano, que no es un hombre entrenado físicamente, sino que ha sido un simple maestro de escuela -enseñaba historia y filosofía- y también es músico, guitarrista, ha sido movilizado y ahora está en el ejército.

Al igual que la mayoría de los ucranianos, yo hago todo lo que puedo para contrarrestar la invasión rusa: nosotros decimos que cada uno tiene su propio frente de combate. Hay muchas mujeres voluntarias que ayudan a los refugiados a salir de las ciudades destruidas y las regiones ocupadas, que llevan alimentos y equipos a los militares, de igual modo que ayuda humanitaria a aquellos territorios donde hay problemas con suministros.

Los soldados rusos no creen que están cometiendo crímenes de guerra porque la propaganda rusa les ha enseñado a no considerar a los ucranianos como personas humanas, sino como enemigos fascistas que tienen que ser eliminados, incluso los niños. Ellos confían en la propaganda oficial de Rusia sobre que los ucranianos podían cometer un “genocidio” de los ciudadanos rusohablantes, sin darse cuenta de que hasta hoy en día más del 40 por ciento de la población de toda Ucrania, no solamente de aquellas regiones ocupadas por Rusia, habla el ruso en su vida cotidiana y además casi todos los ucranianos tienen familiares en Rusia.

Propagandistas rusos denominan “nazistas” y “fascistas” a todos  los que hablan el idioma ucraniano solamente por su procedencia étnica, de este modo ignorando conceptos del “nazismo” y “fascismo” reconocidos -porque desconocen la existencia de la etnia ucraniana distinta de la rusa- y en especial niegan los derechos de la nación ucraniana a constituir un estado soberano independiente de Rusia.

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Al mismo tiempo, Rusia usa este mismo argumento (que todos los ucranianos saben hablar el ruso y muchos lo creen su idioma principal) y también que ambos países tenían una historia compartida durante los últimos casi tres siglos para intentan justificar su "derecho" a apoderarse del territorio de Ucrania.

Es lo mismo que si España pretendiera apoderarse de los países hispanohablantes de América Latina porque siguen hablando el español y tienen unos siglos de historia compartida.

También confían en que Ucrania podría planear comprar armas nucleares -que no es posible para un país no rico como lo es Ucrania- para atacar a Rusia, que podría ser como un suicidio, al igual que si Honduras o El Salvador pretendieran atacar a los Estados Unidos.

Otro argumento falso de la propaganda rusa consiste en que ocupó Crimea en 2014 porque Ucrania buscaba ingresar pronto a la OTAN -cuando Ucrania hasta la ocupación de Crimea tenía estatus oficial de un país no alineado reafirmado por su Constitución-. Fue en octubre de 2014 que el gobierno de Ucrania anunció sus aspiraciones de obtener la membresía en esta organización y cinco años después, en 2019, quedó incorporado en la Constitución.

Pero cabe mencionar que la misma Rusia hizo intentos reiterados de ingresar a esta organización y mantenía una cooperación estrecha con ésta desde 1991, y especialmente desde 1994 en el marco del programa “Asociación para la Paz”. Fue solo en 2014 que la OTAN suspendió la cooperación con Rusia después de la ocupación de Crimea.

La posibilidad de un golpe nuclear "preventivo"

Todos estos argumentos falsos de Rusia tienen como fin validar su expansión territorial orientada a la reconstrucción del Imperio Ruso/Soviético bajo el concepto del “Mundo Ruso” -“Pax Russica”-, que incluye no solamente a todos países eslavos sino a todos donde haya gente que hable ruso. Según dijo el presidente ruso, Vladimir Putin, en 2016 durante una ceremonia de premiación de alumnos escolares: “Rusia no tiene fronteras”.

Para esto, Rusia pretende cambiar el orden mundial existente en su favor por medio de la destrucción de los países dominantes, incluso con el uso de armas nucleares. Esta opción se está discutiendo diariamente en medios rusos y en especial en los canales de televisión centrales como algo normal aceptable, incluso la posibilidad de un golpe nuclear primero -“preventivo”-, previsto en la Estrategia de Seguridad Nacional de Rusia.

La ciudad de Lviv (Leópolis) se considera por militares y propagandistas rusos como uno de los más probables centros de ataques con armas tácticas nucleares. Como los partidarios de Putin demandan la victoria a cualquier precio, la derrota del ejército ruso en combate en el terreno ucraniano puede provocar al Gobierno usar las armas nucleares para evitar la rebaja de su popularidad y su derrota política en Rusia.

La agresión rusa, sus ambiciones imperialistas y sus pretensiones de hegemonía regional y liderazgo mundial tienen que ver no con un supuesto nivel alto de desarrollo militar y económico alcanzado como se suele creer, sino al contrario, con la depresión económico-social muy profunda que este país está viviendo durante los tres últimos decenios.

La pobreza define la vida de la mayor parte de la población de Rusia a pesar de todas las riquezas naturales inmensas de su territorio: porque los ingresos obtenidos por su exportación (especialmente de gas y petróleo) se reparten de una forma altamente desigual. Solo unas 110 personas se estaban quedando con  el 35% de ingresos totales del país en 2013 (antes de la aplicación de sanciones económicas), según apunta un reporte publicado por la compañía suiza Credit Suisse, que define a Rusia como uno de los países con la desigualdad más alta en el mundo.

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Según datos oficiales de la ONU, en 2013 más del 11% de la población de Rusia vivía en condición de pobreza extrema, mientras  en el ranking de PIB a precios nominales per cápita la Federación Rusa ocupaba el lugar 60 en el mundo, por debajo de la Argentina, Panamá у Costa Rica. Uno de los indicadores de la pobreza en Rusia es la poca disponibilidad de servicios sanitarios. Según datos estadísticos oficiales de la misma Rusia, publicados en 2019, un 22,6% de los domicilios del país no tiene servicio sanitario alguno y un 48,1% tiene pozos negros.

La falta de voluntad del gobierno de Putin, que es una de las personas más ricas en su país, de cambiar la situación de reparto desigual, combatir la corrupción y de este modo solucionar problemas económico-sociales le hizo redirigir el descontento de la población a los “enemigos exteriores”, culpando al “Occidente imperialista” de la desintegración de la Unión Soviética y prometiendo que la reconstrucción de ésta última devolverá a Rusia su posición hegemónica en el espacio regional.

Así que las pretensiones territoriales de Rusia no solamente abarcan el territorio de Ucrania por completo sino trascienden sus fronteras: porque se trata de la renovación del imperio ruso en toda la zona que era de dominio soviético, incluyendo los países bálticos y de Europa Oriental que actualmente son miembros de la Unión Europea.

Si las derrotas del ejército ruso en Ucrania y las consecuencias duras de las sanciones económicas no van a hacer al gobierno de Rusia cambiar sus planes hegemónicos, la posibilidad de comienzo de una Tercera Guerra Mundial va a ser inminente a pesar de todos los esfuerzos de evitarla realizados por los gobiernos de los países de Europa y por las organizaciones internacionales. Actualmente amenazas militares articuladas por Rusia han empujado a Suecia y a Finlandia -al igual que a Ucrania- a abandonar su histórica neutralidad para postular su ingreso a la OTAN.

En tanto, en el caso de que Rusia triunfe, esto va a significar la destrucción completa de Ucrania, la cancelación de la soberanía de la nación ucraniana con su conversión en colonia y su eliminación como etnia. Y también el prevalecimiento del totalitarismo y el autoritarismo por sobre los valores democráticos y liberales. Así que nosotros los ucranianos no podemos dejarnos vencer, no podemos traicionar a nuestra tierra y a la memoria de nuestros antepasados valerosos, y tampoco podemos traicionar a los valores del mundo libre civilizado y democrático.  

(* - Oleksandra Kovalyóva es investigadora académica ucraniana, doctora en Ciencias Políticas especializada en Relaciones Internacionales; experta en política exterior de países de América Latina y el Caribe; analista asociada al Centro de Estudios Globales "Estrategia XXI", en Kiev, Ucrania).

 

Escrito por Oleksandra Kovalyóva
NA - Buenos Aires, Argentina