Lunes, 27 Septiembre 2021 22:35
Por Carlos Polimeni

El estallido de la bossa nova y el primer empoderamiento femenino en Brasil

La serie brasileña “Coisa más linda”, que se puede ver por Netflix, cuenta la historia del empoderamiento de cuatro mujeres en el momento en que nacía un género revolucionario.

Cuatro amigas y una historia en clave de bossa nova. Cuatro amigas y una historia en clave de bossa nova.

A fines de los años cincuenta, un grupo de músicos de la clase media blanca brasileña gestó en una serie de bares y departamentos una revolucionaria fusión entre el jazz melódico estadounidense y el samba carioca, dando pie a un movimiento que se internacionalizó en el siguiente lustro tras impactar en la industria discográfica estadounidense.

Aquel territorio de conformación de la bossa nova, que se convirtió en mítico luego de la consagración mundial de Joao Gilberto, Tom Jobin y Vinicus de Moraes, los integrantes de su Santísima Trinidad, opera como telón de fondo de la serie brasileña “Coisa mais linda”, cuyas dos primeras temporadas están disponibles en Netflix.

La serie, que es la más importante de las gestadas en Brasil por la señal de televisión paga, está enteramente concebida como un homenaje a los feminismos, en la era de su esplendor: es en rigor la historia de cuatro mujeres, desplegadas con la conformación del mundo de la bossa nova como excusa para retratar la era del primer empoderamiento femenino en el país.

Si la bossa nova combinó de entrada el costado más amable del jazz melódico con la música traspirada del país con más afrodescendientes de América, “Coisa mais linda” no tiene empachos en combinar las narrativas de las influyentes telenovelas brasileñas con el mensaje urticante de las mujeres que luchan hoy contra los modos patriarcales.

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En cierto sentido, le importa mucho más atrapar espectadores con la reconstrucción de época, los nuevos temas musicales que incluye y la pintura de la moda de entonces, que la verdad histórica, pero más allá de sus anacronismos y convenciones narrativas trabaja sobre un territorio tan fértil para los amantes de la música que logra ganar la pulseada.

Para cualquier conocedor, es raro que para una historia que se despliega a partir de 1959 se utilice de entrada como cortina una versión de la estadounidense Amy Winehouse de “Garota de Ipanema”, que fue grabada por primera vez en 1962, pero este sólo detalle revela que a los productores no les interesaba un relato “periodístico” de los hechos sino capturar las claves de un ambiente.

Si alguien está interesado en saber cómo fueron los orígenes de la bossa nova, la respuesta es otro documental brasileño, para nada curiosamente llamado “Coisa mais linda: histórias e casos da Bossa Nova” (2005), un paseo lleno de documentos de época, inspirado en un excepcional trabajo previo del escritor Ruy de Castro, el libro “Bossa nova: La historia y las historias”, un clásico.

El investigador subraya que la bossa nova fue en principio música de blancos, creada y escuchada en la siempre bohemia Río de Janeiro por la clase media sofisticada y la clase alta altanera, que en gran parte lucía molesta por el éxito que estaba teniendo en Brasil el bolero centroamericano.

La forma desapasionada de cantar, la “batida” de la guitarra, el énfasis módico del género, su cero relación con los carnavales populosos y bullangueros, fueron parte del contexto de un país que quería acercarse al Primer Mundo y que estaba a punto de gestar en medio de la selva su capital política, Brasilia.

“La bossa podía haber crecido en clubes de medio pelo, incluyendo antros de prostitución, pero fue aclamada por la hight society de Río, que se apuntó al "siente a un cantante de bossa en su mesa", algo inconcebible con los sambistas, demasiado morenos”, escribió al reseñar las ideas del autor el periodista español Jorge Manrique.

La consagración mundial de sus principales intérpretes, que llegó cuando en el primer lustro de los sesenta Frank Sinatra grabó sus temas más conocidos y ellos mismos comenzaron a trabajar en Estados Unidos, hizo de la bossa nova un lenguaje universal, en un proceso similar a los que vivieron géneros como el jazz, el rock, el tango y el reggae.

En principio, “Coisa mais linda”, sigue la historia de Malú, una joven de la alta clase paulista, que abandonada y estafada por un marido tendrá que enfrentarse en Rio de Janeiro a un mundo dirigido por hombres que invisibilizan a las mujeres, en una trama que emparenta al guion con el de la serie española “Las chicas del cable”.

Pero a medida que se desarrollan las alianzas de Malu con otras tres mujeres, Adelia, Thereza y Ligia, el relato ira mechando sus grandes momentos musicales y su delicada ambientación con los padecimientos que cada una ha ido sufriendo por el solo hecho de vivir en un mundo que atrasa con respecto a sus derechos.

Adelia, afrodescendiente, trabaja como sirvienta de una mujer blanca racista, Ligia es maltratada por querer cantar, y ser hermosa, por un marido político, Thereza sufre como periodista los desplantes de su jefe y sus compañeros, antes de ser abandonada por un marido indolente y poco afecto al trabajo, al que su bisexualidad termina irritando.

Aunque apela a todos los tópicos y discursos de los feminismos del siglo XXI, la serie apunta también al público que consume moda, en parte porque la ambientación de época lo requiere, en parte porque una porción del target son mujeres que sienten una identificación completamente apolítica con el proceso de esas cuatro amigas luchando contra los hombres que las rodean.

Pensada, como la serie argentina “El Reino”, para su exportación, llena de tópicos que también la relacionan con la prestigiosa serie estadounidense “Mad Men”, quizás “Coisa mais linda” está allí, en el infinito universo del mundo audiovisual on demand, para decir que hubo un tiempo hermoso en que Brasil no era el país de Jair Bolsonaro.

Era, y eso acaso no está perdido para siempre, un territorio de sucesivas fusiones culturales, un universo con dinámicas propias que, antes de suicidarse en Petrópolis en 1942 junto a su mujer, el escritor austríaco Stefan Zweig había considerado “el país del futuro”, aquel en que podían corporizarse las fantasías de un mundo siempre en evolución, de confraternización.

Escrito por Carlos Polimeni
Buenos Aires, NA