El economista Ricardo Arriazu analizó las medidas tomadas por el ministro de Economía, Sergio Massa, y consideró que son "un acto de desesperación para acordar con el Fondo Monetario Internacional (FMI)".  Ante empresarios en Córdoba, Arriazu  consideró que en su experiencia, este tipo de cosas no funciona, que solo es "aguantar hasta el acuerdo para que le giren la plata".

Adicionalmente, explicó que fue "poco tradicional" la forma de comunicación del FMI acerca de los avances en la negociación, y que oficialmente  no hay acuerdo ni lo habrá, según él, hasta después del receso del Fondo. "Hay un acuerdo de palabra para seguir negociando y no será aprobado ahora. Mi cálculo es que todo queda para después de las PASO”, sentenció.

Sobre las reservas netas del  Banco Central, expuso que las mismas son negativas en US$7.800 millones (suman US$11.800 millones con las tenencias de oro). "Se está usando plata que no le pertenece al Gobierno. Todos los días se están perdiendo yuanes y a veces se pierden o ganan dólares. Pero, en definitiva, estamos perdiendo divisas todos los días", expresó.

No obstante, sobre las posibilidades a futuro, reconoció que  "no hay otra alternativa al acuerdo con el FMI", al señalar que, sin un nuevo entendimiento, "es difícil que no haya un salto cambiario antes de las elecciones (generales)".

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Pero es optimista en cuanto a que se finalice en un acuerdo, por lo que no espera una devaluación formal antes de las PASO y estimó el atraso del dólar oficial en torno del 30%. Como en otras oportunidades, sostuvo que “devaluar por devaluar” no es la solución de los problemas estructurales que tiene el país.

A su criterio, las últimas medidas de Economía que siguen abundando en tipos de cambio múltiples es “la peor de las soluciones” a la vez que consideró que la devaluación encubierta instrumentada es una búsqueda de “minimizar” impactos, pero “aumenta el riesgo de aceleración de la calesita en los precios relativos”.

Sobre la posibilidad de traslado a la inflación del impacto de las últimas medidas, sostiene que dependerá de las expectativas del costo de reposición; si se interpreta que son decisiones de “corto plazo”, habrá traslado. En cualquier caso, la medición de agosto será la que marque si hay o no derivación.

Por el momento, mantiene su proyección de una inflación en torno al 140% anual. Sin embargo, hizo la salvedad de que “nadie sabe cómo terminará, porque depende del mercado cambiario, que a su vez depende del acuerdo con el FMI”.

Para los últimos meses del año, Arriazu fue más optimista sobre la evolución de la balanza comercial y del nivel de actividad.