Domingo, 08 Agosto 2021 15:35
Por José Calero

Reactivar, ganar, ajustar y acordar con el FMI, el plan del Gobierno

El gobierno mantiene un discurso de crítica firme al acuerdo alcanzado por el Fondo Monetario con Mauricio Macri, pero al mismo tiempo tiene claro que incumplir los pagos de deuda sería casi un suicidio para una economía que empieza a dar muestras firmes de recuperación.

Alberto Fernández y Cristina Kirchner en un acto de campaña. Alberto Fernández y Cristina Kirchner en un acto de campaña. NA

El manual del buen kirchnerista sostiene que en años electorales se deben aplicar políticas de expansión del gasto para ganar los comicios, y así contar luego con margen de maniobra para ajustar y equilibrar las cuentas.

De esa forma se puede sostener también el siempre necesario respaldo del mercado y los financistas (los banqueros casi siempre han salido beneficiados por las políticas K y el gremio del sector es el sindicato que más respalda a Cristina Fernández) para seguir gobernando.

La coyuntura se amolda al tradicional manual kirchnerista de los años electorales, con retraso del dólar y tarifas públicas, reapertura de paritarias para que los aumentos salariales superen o emparden a la inflación, y suba del gasto social.

Alberto Fernández conoce esa melodía a la perfección, porque fue su ejecutor destacado entre 2003 y 2008, como jefe de Gabinete de Néstor Kirchner primero, y de Cristina Fernández después.

Claro que eran tiempos de vacas más gordas, ya que el ajuste lo había hecho Eduardo Duhalde tras la debacle de 2001 y los commodities como la soja alcanzaban niveles récords.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, parece sentirse cómodo con esta lógica kirchnerista de ejercer el poder, e incluso ha iniciado una etapa de suba de su perfil político, con incursiones en el interior del país para sumarse a la campaña del Frente de Todos.

Tiene la tranquilidad de que en la última semana de agosto la Argentina recibirá un respaldo de USD 4.350 millones por parte del FMI que le permitirá quedar más holgada en reservas, como para afrontar sin problemas los dos vencimientos fuertes que quedan con el organismo este año.

Guzmán oficializó la intención de retrasar el dólar cuando ratificó que el mayorista estará a 102,40 pesos en diciembre, apenas 10% por encima nivel actual.

Confirmó así la visión de los operadores del mercado de que no cabe esperar una suba mayor a 2% mensual en la cotización de la divisa en los próximos meses.

El gobierno mantiene un discurso de crítica firme al acuerdo alcanzado por el Fondo Monetario con Mauricio Macri, pero al mismo tiempo tiene claro que incumplir los pagos de deuda sería casi un suicidio para una economía que empieza a dar muestras firmes de recuperación tras los peores momentos de la pandemia.

Desde Economía creen que ya llegará el momento de encaminar por completo esa jugada desesperada que llevó a Mauricio Macri a pedirle un préstamo multimillonario al Fondo en el 2018.

"Ahora sí, no vuelven más", le dijo en aquella oportunidad el entonces presidente norteamericano Donald Trump a Macri, cuando coincidieron en un encuentro internacional al mismo tiempo que se conocía el acuerdo con el FMI.

Trump creía que semejante respaldo de la comunidad internacional le permitiría a Macri seguir gobernando la Argentina.

Estaba muy equivocado. Macri perdió, Trump también, y el kirchnerismo volvió a mandar en la Argentina.

El plan reactivar para ganar.

El Gobierno ha iniciado un operativo a gran escala para instalar la idea de que la Argentina empieza a dejar atrás la crisis agravada por la pandemia, y que arrancó la reactivación.

"La recuperación que está experimentando la Argentina no es un rebote sino el resultado de las políticas públicas que definimos antes y durante la pandemia", sostuvo Guzmán, cada vez más cómodo en su rol de ministro en campaña.

"La pandemia empieza a quedar atrás y con ello vendrá la recuperación económica, productiva y social que tanto necesitamos", dijo por su parte Matías Kulfas, su par de Desarrollo Productivo.

Ambos ministros actúan en sintonía y se respaldan, no sólo porque así lo indican los manuales de la buena gobernanza, sino por instinto de supervivencia.

Ya hubo intentos provenientes desde el Instituto Patria para limarlos políticamente, por ahora sin suerte.

No corrió la misma suerte Daniel Arroyo: los operativos del kirchnerismo para correrlo del Ministerio de Desarrollo Social rindieron frutos. Se va a Diputados. 

La estrategia de mostrar una economía en franca recuperación empieza a ser acompañada por las cifras.

Y el Gobierno intenta consolidar la idea de que su modelo es el adecuado para revertir años de recesión, y sostiene incluso hubiese dado mejores resultados antes, de no haber sido por la pandemia.
"Argentina entre 2015 y 2019 fue el país que más se desindustrializó en el mundo. Cerraron 25.000 pymes, perdimos 150.000 puestos de trabajo industrial y los estamos recuperando en pandemia", grafica Kulfas.

Y busca instalar expectativas en el electorado: "Imagínense después de la pandemia todo lo que vamos a poder lograr".

El ministro de Desarrollo Productivo busca pelear discursivamente contra la idea instalada de que la Argentina no recibe inversiones.

Dice que, según datos del INDEC, en el primer trimestre la inversión productiva creció 14% respecto de 2019, cuando aún no había llegado la pandemia. 

Según referentes del mercado y analistas consultados por la agencia NA, dentro y fuera del Gobierno creen que al final de esta historia aparecerá el FMI aportando los USD 20.000 millones de financiamiento adicional que necesita la Argentina para transitar 2022.

Otros referentes escuchados por el mercado, como Miguel Broda y Carlos Melconian, son muy críticos.

Broda sostiene que en el kirchnerismo anida una ideología anticapitalista que irá mutando en un mayor intervencionismo estatal, y que eso terminará por ahuyentar en forma definitiva las inversiones, sepultando a la Argentina en una mediocridad a largo plazo.

Melconian, por su parte, le reclamó a Guzmán que "largue el chamuyo" y arregle la inflación, y sostuvo que fue un error serio demorar dos años el acuerdo con el FMI.

Pobreza se llama.

En el medio, es notoria la pérdida de poder adquisitivo frente a la erosión provocada por el alza de precios.

Las remarcaciones no cesan y la canasta de consumo masivo se estaría disparando a un ritmo muy fuerte en lo que va de agosto, lo cual está complicando los costos de reposición en casi toda la cadena comercial.

Hay incrementos que llaman la atención en toda la línea de productos que lograron escapar al control de precios que intentó sostener el Gobierno.

Hubo saltos de hasta 30% en el costo de productos de primera línea en Alimentos, bebidas y limpieza entre mediados de julio y lo que va de agosto. 

El Gobierno ya no se preocupa por esos ajustes que pegan en la línea de flotación de la clase media, e intenta que no se le vayan también de las manos los productos claves que consumen los sectores menos favorecidos (segundas marcas sobre todo), como para tener algún argumento para defenderse discursivamente en la campaña electoral.

Esa pérdida de poder adquisitivo fue graficada en forma brutal por el ex número dos de Axel Kicillof en tiempos de la última presidencia de Cristina. 

Emmanuel Alvarez Agis -quien sin dudas guarda algún rencor contra el kirchnerismo- acaba de advertir que a este paso los billetes de mil pesos "se van a terminar usando para empapelar las paredes".

Hay consenso entre los especialistas en que la calidad de vida de los argentinos ha sufrido un deterioro enorme en los últimos tres años, tal vez el mayor desde la crisis del 2001/2002.

Pero el dato que más duele es el abismo que afrontan más de 20 millones de personas sumergidas en la pobreza, de las cuales más de 6 millones son menores de 14 años.

Escrito por
Buenos Aires, NA