Publicado el 26 de Junio de 2022 - 13:28 | Última actualización: 26 de Junio de 2022 - 13:56

La ingeniería desde un ingeniero

El especialista remarcó que es clave poder originar interés e invertir recursos para que los jóvenes sigan estudiando carreras en ciencia, tecnología, ingenierías e innovación.

La ingeniería desde un ingeniero

Existe el estigma de que la ingeniería solamente es para ingenieros. Lo cierto es que podemos encontrar ingeniería en casi todo. Por ejemplo, en la cocina, preparando un milanesa con puré haremos "balance de línea", sabiendo que hervir la papa es un proceso más lento que freír la milanesa.

Destaparemos una botella de vino con un sacacorchos que simula un tornillo sin fin, y tendremos jugo de limón en un exprimidor de piñón y cremallera.

No necesariamente hay un ingeniero detrás de cada cosa que tenga ingeniería, pero hay ingeniería en todo aquello use el ingenio o la creatividad para resolver un problema de forma simple.

Pero, ¿desde cuándo hay ingenieros en la Argentina?
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Un poco de historia.
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En la Argentina empezaron a graduarse ingenieros gracias a Carlos Enrique Pellegrini, ingeniero francés y padre del reconocido Dr. Carlos Pellegrini (presidente argentino entre 1890 y 1892), quien propone en 1855 al entonces rector de la Universidad de Buenos Aires, José María Gutiérrez, crear la
carrera de ingeniería con profesores traídos desde Europa.

Luego, a partir de 1891, pasa a la facultad de Ciencias Exactas en el edificio de la calle Perú. Esto le imprime a la formación desde su inicio un fuerte
contenido en ciencias básicas como matemática, física y química.

Impronta que permanece aún hasta hoy. Años después, la ingeniería derivará hacia las normas, tolerancias, y coeficientes de seguridad característicos de la profesión.
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Algunos ingenieros destacados.
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Si se considera los que se graduaron en el exterior, el primer ingeniero argentino fue Prilidiano Pueyrredón, egresado de la École Polytechnique de Francia.

Por otra parte, Luis A. Huergo realizó la canalización de los ríos Tercero, Cuarto y Quinto para aumentar el caudal del Salado, el ferrocarril de Buenos Aires a Villa Mercedes, y el primer dique seco del país en el puerto de San Fernando.

El ingeniero civil Mario E. Bancora fue invitado por el premio Nobel de Medicina Bernardo Houssay a participar del CONICET, y, como si fuera poco, tomó un té con el mismísimo Albert Einstein.

Obviamente, se podría mencionar a muchos profesionales más, como Otto Krause, o Elisa Beatriz Bachofen, la primera ingeniera de toda Sudamérica y pionera del feminismo al fundar la Unión Feminista Nacional.
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Algunos hitos de la ingeniería argentina.
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En materia de salud, la mortalidad general de la ciudad bajó a la mitad, y las epidemias desaparecieron casi por completo gracias a las obras cloacales y los conductos pluviales impulsados por el ingeniero Guillermo Villanueva.

Otro gran hito fue el 23 de diciembre de 1969, cuando un equipo de ingenieros, biólogos y médicos impulsó el cohete de fabricación nacional Canopus II en un vuelo sin entrar en órbita de ocho minutos de duración con el mono Juan como tripulante.

Antecesora, la rata Belisario no llegó al espacio como Juan, pero logró que la Argentina se convirtiera en el cuarto país en la historia del mundo en experimentar con seres vivos en el lanzamiento de cohetes, después de los Estados Unidos, la Unión Soviética y Francia.
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Presente y desafíos para el futuro.
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Los ingenieros diseñan, construyen, investigan, enseñan, y transforman el mundo, trabajando en silencio y sin estridencias.

Se extrae el petróleo con la ingeniería en petróleo, se siembran campos con la ingenieros agrónomos, se desarrollan bosques con los ingenieros forestales, se construyen buques con los ingenieros navales, se conquista el espacio con los ingenieros aeroespaciales, y la lista podría continuar con todas las ramificaciones de la profesión.

Las carreras de ingeniería están atravesando un proceso de transformación con la intención de formar futuros profesionales con las habilidades necesarias para enfrentar los retos del siglo XXI, como lograr un desarrollo sostenible, formas más eficientes de producir alimentos, diseñar robots para mejorar la eficiencia de distintos procesos, generar energía o gestar soluciones que mejoren nuestra salud.

Por eso, es clave poder originar interés e invertir recursos para que los jóvenes sigan estudiando carreras en ciencia, tecnología, ingenierías, e innovación.

No sólo porque son profesiones cada vez más demandadas en el mundo de la transformación tecnológica, sino porque además permite mejorar la calidad de vida de las personas, con el objetivo de no descuidar el planeta, y sin perder de vista la sensibilidad humana.

Después de todo, se trata de una oportunidad para enriquecer al mundo desde nuestro lugar.

(*) - Leonardo Costucica es docente del Departamento de Tecnología industrial y Servicios de la UADE.

Escrito por Noticias Argentinas
NA - Buenos Aires, Argentina