Jueves, 11 Febrero 2021 12:28

El nuevo superciclo de precios internacionales fue el tema principal de la reunión de Alberto Fernández con los dirigentes del agro

La banca de inversión pronostica precios al alza de las materias primas por largo tiempo. Como en la gestión de Néstor Kirchner, el agro volverá a ser motor de recuperación.

Reunión de Alberto Fernández con la Mesa de Enlace. Reunión de Alberto Fernández con la Mesa de Enlace. Foto: NA. Esteban Collazo/Presidencia

Por Antonio D’Eramo

Luego de la reunión del presidente Alberto Fernández con los dirigentes que integran la mesa de enlace agropecuaria quedó en claro que la desafortunada frase de la diputada nacional del oficialismo, Fernanda Vallejos, “tenemos la maldición de exportar alimentos, de modo que los precios internos son tensionados por la dinámica internacional”, quedó sepultada en el pasado.

Porque si hay una condición necesaria para que la Argentina recupere su tasa de inversión, el peor de los problemas que enfrenta la economía nacional pasa por la posibilidad cierta de que tengamos clientes en el exterior de los productos en los que nuestro país se especializa. Y éstos, sin ningún lugar a dudas, son los productos del campo.

“Los agroalimentos dejan un saldo favorable de 30.000 millones de dólares por año entre productos manufacturados de origen agropecuario y productos primarios”, señala Marcelo Elizondo de larga trayectoria en el comercio exterior. Más exportaciones, abren las puertas para una mayor oferta, que genera más producción, más empleo, mayores ventas locales, asegura la recaudación estatal, y promueven las inversiones. Los países más ricos son los que exportan agroalimentos y a la cabeza de ellos se ubica Estados Unidos con 75.000 millones de dólares, seguido por Alemania.

 

Un nuevo superciclo similar al del gobierno de Néstor Kirchner

 

Los  funcionarios de la administración de Alberto Fernández, que carga con el expertise de haber estado en la primera línea de decisiones del primer gobierno kirchnerista, han tomado nota de las últimas recomendaciones de los ejecutivos de la banca de inversión que, desde sus oficinas en Wall Street, aconsejan a sus inversores volcar sus  recursos en commodities. 

El pronóstico es el de una extensa temporada de alzas en los precios de una canasta de 27 futuros de materias primas, que se convertirá en una repetición del denominado “superciclo” de gran parte de la primera década del 2000, en el que los precios del petróleo y de los metales lideraron las alzas por el despliegue de la industrialización de China que sorprendió, incluso, a los inversores más audaces del mundo.

Esa bonanza del período 2003-2008 con tasas muy bajas en los Estados Unidos, en 2003 se ubicó en promedio en 0,86%, y el precio de la soja en ascenso imparable permitieron el ingreso de divisas estadounidenses al país que tenían un valor superior al actual porque venían indexados por la inflación norteamericana.

En materia política, el gobierno de Néstor Kirchner tuvo la suerte que no poseyó la administración de Fernando De La Rúa, que contaba con una tasa del 7.03% en Julio de 2000 y la soja no tenía tanto valor, apenas 177 dólares la tonelada.

Este escenario favorable se está repitiendo y será duradero según la mayoría de los analistas financieros. La bonanza económica para los países productores de materias primas es más amplia que el anterior ciclo. El mercado internacional registra subas de productos como el café; y de minerales como el cobre, material que sube por la necesidad de la reconversión energética que permitirá abandonar el carbono por la electricidad. El cobre permitirá cablear paneles solares y se convertirá en un bien necesario  para terminar con la dependencia del carbono.

Por estas razones, Goldman Sachs emitió un informe resaltando que “esta recuperación de los precios de los commodities será, en realidad, el comienzo de un mercado alcista estructural mucho más largo”. El motor de esta recuperación de los precios es, una vez más, China. El país asiático lidera la recuperación de la crisis de Covid-19 y sigue encabezando el rubro importador de materias primas mundial.

Los precios de la soja subieron más del 50% en el último año, mientras que el cobre ascendió un 40%. El níquel también trepo en su cotización y el precio del petróleo, muy golpeado por la pandemia, rebotó a su cotización más elevada desde los primeros días de marzo cuando comenzaron a sentirse las consecuencias del coronavirus en la economía global.

En las capitales financieras los operadores abren sus ojos y se sorprenden al ver las cotizaciones y buscan en sus registros alzas promedio similares de las materias primas. Nunca, en 50 años, subieron los 27 productos de la canasta futura de materias primas al mismo tiempo.

Además de China, los operadores anotan otras causas que sustentarán esta racha alcista en el tiempo. Las políticas monetarias expansivas no son un invento de Martín Guzmán. Por la crisis de Covid-19 muchos gobiernos han recurrido a la emisión y a políticas fiscales sin precedentes, que pueden terminar alimentando la inflación. Una indexación de precios incipiente por el que los administradores de grandes fondos deciden buscar cobertura y resguardo patrimonial adquiriendo commodities.

Otro de los factores hay que buscarlo en el abaratamiento del dólar. Casi todos los 27 productos cotizan en esa moneda y el debilitamiento de la moneda estadounidense del año pasado los abarata, al mismo tiempo, en otras divisas. Este hecho produce un aumento de la demanda.

Los desafíos para que la Argentina no pierda esta oportunidad extraordinaria -los “superciclos” de precios al alza de materias primas suelen producirse cada 40 años y acaba de finalizar uno- pasan por lograr un consenso de su dirigencia acerca de cómo repartir los excedentes que produce el país y cómo generar una oferta mayor que pueda abastecer la demanda del exterior y la local. Generar una oferta más grande significa atraer inversiones. El agro ha demostrado ser el sector de la economía más dinámico a la hora de modernizar su producción y generar inversiones productivas.

Por ello, dejar atrás una frase tan poco afortunada como creer que exportar alimentos es una maldición parece ser el primer consenso alcanzado entre el presidente Alberto Fernández y los dirigentes del agro.

Escrito por
Buenos Aires, NA