Luego de un corto peloteo, una derecha cruzada de Casper Ruud se fue ancha. Acto seguido Novak Djokovic, a sus increíbles 36 años, se deja caer sobre el polvo de ladrillo del estadio Philippe Chatrier luego de ganar su tercer Roland Garros, su 23° torneo de Grand Slam, y de volver al N°1 del mundo. Increíble, pero real.

Detrás del jugador más dominante en la historia del tenis hay una persona que debió afrontar una durísima historia de vida que lo convirtió en la persona que es actualmente.

“Nos despertábamos todas las noches a las 2 o 3 de la madrugada”

Cuando era solo un niño, Djokovic se fue a vivir con su abuelo Vlada porque sus padres, Srdjan y Dijana, pasaban la mayor parte del tiempo lejos de Belgrado para poder mantener a sus hijos.

Durante esos poco más de dos meses y medio, Djokovic vivió en primera persona las ‘Guerras Yugoslavas’, en la que se registraron casi 150 mil muertos de manera oficial.

“Prácticamente estábamos siempre en el sótano. Nos despertábamos todas las noches a las 2 o 3 de la madrugada durante dos meses y medio por los ataques. En cierto modo, esas experiencias me hicieron un campeón”, contó Djokovic.

Novak Djokovic: del niño que sobrevivió a los bombardeos al hombre que se convirtió en el mejor de la historia
Djokovic durante una visita al lugar donde comenzó a jugar.

“Hacía cola cada mañana, a las 5 de la madrugada, para recibir un poco de leche y pan, junto a cientos de personas y mi abuelo, para llevar el pan a la mesa y que cinco o seis miembros de la familia pudieran comer ese día”.

Lejos de verse asustado por esta situación, Djokovic empezó a forjar su personalidad de acero desde pequeño.

Bogdan Obranovic comenzó a entrenar a Nole cuando tenía solo 10 años y contó que durante los bombardeos recorrían Belgrado para conseguir canchas en las que no tuviesen que pagar para entrar: “Estábamos en una situación terrible durante los bombardeos. Escuchabas el ruido, lo veías en las noticias, mataban a personas y todo estaba destruido. Pero no se podía hacer nada y encontramos una manera de divertirnos”.

Entre bombas, refugios y canchas gratis, Djokovic ya tenía una idea fija en la cabeza y la contaba en la televisión serbia cuando era solo un niño: “El tenis para mí es un deber. Mi objetivo es convertirme en el número 1”.

El encuentro con un lobo que le pudo haber costado la vida

En decenas de ocasiones, Djokovic estuvo contra las cuerdas pero logró sacar lo mejor de sí para revertir la situación. Los más claros ejemplos podrían ser aquellos duelos contra el suizo Roger Federer en el US Open 2011 y Wimbledon 2019, cuando levantó puntos de partido y terminó quedándose con ambos torneos, o la final del Abierto de Australia 2012, en la que revirtió una desventaja de 4-2 en el quinto set para superar al español Rafael Nadal tras casi seis horas, en la que fue una de las mayores batallas mentales y físicas que se hayan visto en la historia del deporte.

Novak Djokovic: del niño que sobrevivió a los bombardeos al hombre que se convirtió en el mejor de la historia
Djokovic luego de ganar la final del Abierto de Australia 2012.

En los últimos meses, el serbio contó una situación que atravesó de niño que marcó un antes y después en su vida y explica su tenacidad frente a las situaciones adversas.

“Un día estaba solo en el bosque, con 10 años y me encontré con un lobo. Sentí un miedo profundo, pero me habían dicho que en estos casos hay que retroceder lentamente, sin perderlo de vista. Nos miramos durante 10 segundos, luego giró a la izquierda y se alejó”, recordó en diálogo con el Corriere.

Y aseguró que “el lobo simboliza mi carácter”.

“Primero te quita las piernas, luego te quita el alma”

Durante las semifinales de este Roland Garros, Djokovic y Carlos Alcaraz estaban jugando un partidazo e iban igualados 1-1 en sets luego de más de dos horas.

Pero en el comienzo del tercero el joven español de 20 años, que sorprende a todos por su capacidad física, pegó un drive que se fue largo, se quedó parado con un calambre que le tomó todo el cuerpo y solo pudo completar el partido sin oponerle resistencia a un Djokovic que, lejos de tenerle piedad, lo pasó por arriba para imponerse por 6-1 y 6-1 en el tercer y cuarto set.

Y Alcaraz contó en primera persona lo sucedido: “Lo que ha pasado hoy fue más mental que físico. La tensión me pasó factura. Tuve nervios desde el primer juego del partido. Novak te va exprimiendo poco a poco y no pude controlarlo”, y reconoció que “no es fácil jugar contra él, menos aún en semifinales de un Grand Slam. Es imposible salir a la pista con él y no estar nervioso; si alguien te dice lo contrario, está mintiendo”.

Todo esto solo confirmó lo que dijo hace un par de años el estadounidense y ex N°1 del mundo, Andy Roddick: “Primero te quita las piernas, luego te quita el alma”.

Novak Djokovic: del niño que sobrevivió a los bombardeos al hombre que se convirtió en el mejor de la historia
Alcaraz, derrotado física y mentalmente por Djokovic en las semis de Roland Garros.

El mejor de la historia, indiscutido

No hay dudas de que Novak Djokovic, Rafael Nadal y Roger Federer son los tres mejores jugadores en la historia del tenis y además fueron contemporáneos.

Cada uno podrá tener a su favorito. A Federer por la perfección y elegancia de sus golpes, a Nadal por ser un verdadero animal competitivo que dejó claro que nada es imposible. Incluso se los puede considerar como más queridos que el serbio, con más fanáticos y hasta pueden movilizar más gente alrededor del mundo.

Novak Djokovic: del niño que sobrevivió a los bombardeos al hombre que se convirtió en el mejor de la historia

Pero hay una realidad que es indiscutible y es que no hubo ni hay ningún jugador mejor que Novak Djokovic en la historia del tenis y los números lo avalan: lidera el cara a cara frente a los miembros del Big Three, es el mayor ganador de títulos de Grand Slam (es el único que ganó tres veces cada uno), de Masters 1000 y del ATP World Tour Finals (junto a Federer con seis cada uno), y nadie tiene más semanas que él como N°1 del mundo ni años terminados en la cima del ranking.

A sus 36 años, Nole sigue batiendo récords y aún tiene mucho para dar. ¡Larga vida al rey!