Por Carlos Polimeni

La grieta entre ellos existía, y en su base latía una batalla de egos, pero cuando un medio de comunicación intentó exacerbarla para vender más ejemplares, dos figuras cumbres de la Argentina se reunieron, hicieron un acuerdo y se presentaron en público en una contundente e inolvidable exhibición de sus respectivos talentos.

La historia, que podría encajar de lleno en el ir y venir de la política argentina del siglo XXI, ocurrió hace exactamente cuarenta años y permitió dos conciertos inolvidables de las figuras más notables de la historia del rock nacional, Charly García y Luis Alberto Spinetta, que cuatro años más tarde intentaron, y no lograron, grabar un disco juntos.

En 1980, durante la segunda fase de la dictadura militar 1976-1983, una revista que intentaba llamar la atención al público progresista con poder de consumo inventó una producción de tapa que resultaría un boomerang: planteó que el rock nacional había generado una rivalidad que convertía a Spinetta en River Plate y a García en Boca Juniors.

Era una invención que renqueaba de las dos patas, y no sólo porque ambos músicos eran hinchas del mismo club, el de la banda roja, sino también porque a esa altura se admiraban mutuamente, habían mantenido muchos encuentros fuera del ojo público y además se verían perjudicados si de verdad dividían sus públicos, en lugar de sumarlos.

La revista en cuestión se llamaba “Hurra”, duró poco, y representaba una aventura originada por el éxito de “Humor”: el propietario y editor, el dibujante Andrés Cascioli, soñaba con trasvasar el prestigio de una a un nuevo producto, como más adelante acontecería con otras publicaciones, como “Fierro” y la muy efímera “Caín”.

El segundo fin de semana de septiembre de 1980 en el Estadio de Obras, unas veinte mil personas vieron por primera vez juntos en un escenario a Charly, liderando el momento en que Serú Girán impactaba en el corazón del público masivo, y Spinetta, que piloteaba una de las formaciones de Jade, acaso su grupo más lírico.

charly garcia y spinetta - que ves el cielo

Para quien hilara fino, la comparación intentaba en vano afirmar que Charly era popular y Luis Alberto elitista, cayendo en el mismo análisis tosco con que suele verse desde afuera la lógica de los dos grandes del futbol argentino, en cuyas hinchadas están representadas todas las clases sociales, y no una, más allá de los apodos de “millonarios” y “bosteros” o de los barrios de los estadios.

Repensando aquellos históricos shows --los registros se consiguen en youtube-- impresiona Spinetta cantando al principio un premonitorio tema de Charly para el segundo long play de Sui Generis “Cuando ya me empiece a quedar solo”, y las versiones finales a cargo de Serú Girán más Jade de “El mendigo en el andén”, “Cristalida” y “Despiertate nena”.

No hubo operadores de la respuesta común al gesto mañoso de la revista, aunque Pedro Aznar pendulaba en la relación entre ambos: se citaron en un bar, recordaron que alguna vez habían querido mostrar en público la suma de sus talentos, hablaron con sus respectivos productores para que organizaran las veladas y así coordinaron una actitud en conjunto frente a la nota de tapa titulada “¿El rock es un partido de fútbol?”

“Yo lo único que quiero es que sea un recital en que toquen juntos dos tipos que se respetan mucho musicalmente, con un ambiente sencillo, no como un súper show, ni nada de eso”, le dijo García a Spinetta, según publicó años después la periodista Gloria Guerrero, que era en 1980 trabajaba en “Hurra” y no estaba del todo de acuerdo con la nota de la discordia, que había sido escrita por Diego Mileo.

La revista, en un gesto aparente de autocrítica, pero sin dar el brazo a torcer, publicó en el número posterior a los dos conciertos una cobertura con un título que insistía en la supuesta raigambre futbolera de la enemistad desmentida entre las figuras: “Cuando todos pateamos hacia el mismo arco”.

La ya clásica revista Pelo sintetizó así el resultado del encuentro: “Charly y Spinetta brindaron un espectáculo de gran jerarquía, sin concesiones a la demagogia o al sentimentalismo. Cada uno cumplió su parte correctamente; y a la hora de hacerlos juntos, tocaron bien, sin que nada fuera producto de la improvisación".

Al principio de los 70, a Spinetta no le gustaban la estética de García --sus temas parecían canciones de Maria Elena Walsh tocadas por rockeros, bromeó—pero a mediados de la década su criterio cambió y lo consideró un par, que luego influiría sobres su propia obra, como quedaría claro en las piezas bailables de “Privé”, su primer trabajo como solista, pasando ya la mitad de los 80.

A Charly siempre le impresionó que la primera vez que se vieron cara a cara, una noche en el recientemente cerrado restaurante “Pipo”, el Flaco, que tenía varias malas experiencias con los empresarios de rock y los sellos musicales le dijo, observando su entorno: “Cuidate, porque vos tenés mucho talento, pero los vampiros te van a chupar la sangre”.

En 1984 intentaron un trabajo en conjunto, grabaron maquetas de tres canciones. “Rezo por vos”, “La pelícana y el androide” y “Hablando a tu corazón”, pero una serie de encontronazos, incidentes y accidentes, en un tiempo muy veloz para ambos, derivó en que dejaran el proyecto en el archivo de lo que pudo haber sido y no fue.

Los tres temas que esbozaron para ese disco que nunca progresó fueron muy conocidos luego: cada uno grabó su propia versión del hoy clásico “Rezo por vos”, lo cantaron juntos en vivo, Spinetta registró una sugestiva versión de “La pelícana y el androide” y García abordó junto a Aznar “Hablando a tu corazón” en el disco “Tango IV”.

SPINETTA feat CHARLY GARCIA , Rezo por vos, ( Cable a Tierra- TV)

No es menor la historia de que ambos hicieron un poquito más adelante del fracaso sendos discos a dúo con figuras que reemplazaron al ausente: Charly llevó adelante el proyecto con Aznar, e incluso estuvo cerca de registrar otro con Gustavo Cerati, y el Flaco grabó y presentó en vivo con Fito Paez el álbum “La la la”.

En 1992, reunidos por el autor de esta nota para una entrevista, ambos se mostraron arrepentidos y autocríticos “Me sentía muy paranoico: me había juntado con él y le pasaban docenas de cosas malas, me decía a mí mismo: «Puta, Luis, el yeta sos vos», y me creía el fúlmine de la historia”, contó el Flaco. “Y yo, del otro lado, le decía: «No seas paranoico, cómo te vas a hacer cargo de esto». Y, la verdad, explotamos. Eso nos quemó, nos asustó mucho”, agregó García

En su grabación de “La pelícana y el androide”, una canción que parece un cuento infantil psicodélico, Spinetta concretó una clara referencia futbolera, aunque había dejado de ir a las canchas luego de un hecho de violencia inolvidable: incluyó un sampleo de la voz del relator futbolístico José María Muñoz gritando un gol de River.

El hecho de violencia que lo apartó de las canchas fue la muerte de un hincha de Racing llamado Roberto Basile, el 3 de agosto 1983, durante un clásico con Boca en la Bombonera, que inspiró la letra de “La bengala perdida”, en que también aparecen alusiones a los desparecidos, el “Nunca Más” y flota el espanto ante el secuestro del empresario Osvaldo Sivak por una banda de la llamada “mano de obra desocupada” de la represión durante los años de plomo.

Lo más próximo que estuvo Charly de una relación cercana con el deporte, pese a que su amigo el Zorrito Quintiero se convirtió en dirigente del club cuando era concuñado de Mauricio Macri, fue cuando de visita en Perú dio el puntapié inicial de un partido que por la Recopa Sudamericana que Boca jugó frente al Cienciano, en 2004.

En el momento en que el intento de exacerbar la grieta de egos terminó uniendo a las dos figuras, faltaba todavía una década para el comienzo del romance entre el rock de multitudes y la cultura futbolera argentina, pero desde siempre había empresarios que imaginaban tapas metiendo los dedos en llagas pensando que así se venderían más ejemplares o en todo caso que influirían sobre las decisiones de los solistas o su relación con la sociedad.