Lunes, 19 Julio 2021 15:46
Por Carlos Polimeni

La durísima historia de Elza Soares, la cantante que se convirtió en leyenda por su poder de resistencia

Mujer y víctima del famoso futbolista Mané Garrincha, esta excepcional cantante de samba y bossa es un ejemplo de lucha para los feminismos brasileños del siglo XXI. 

Elza Soares, un símbolo de Brasil. Elza Soares, un símbolo de Brasil.

A lo largo de setenta años de sucesos increíbles, la vida la puso a prueba docenas de veces, y a pesar de todos los dolores que le impuso, entre ellos las muertes accidentales de su primer marido, su madre y su hijo en común con el futbolista Mané Garrincha, la cantante Elza Soares no sólo ha superado activa los 90 abriles, sino que se ha convertido en un símbolo de los feminismos brasileños.

Ella era viuda y tenía cinco hijos, él estaba a punto de convertirse en la estrella del segundo Mundial ganado por Brasil: el romance entre la super sexy cantante de samba y el mejor gambeteador de la historia del fútbol haría el mayor ruido que dos figuras pudieran producir juntas en 1962, en un mundo con muchos más prejuicios que el de hoy.

Garrincha, que tenía 27 años cuando comenzó la relación, murió de cirrosis a sus 49, en 1983, después de haber llevado adelante una existencia atormentante en que su genialidad futbolística convivía con su adicción al alcohol, y sin que nadie pudiese prever que un día una parte importante de su leyenda empezaría a borrarse, aunque es difícil sacarlo de la lista de los diez mejores de todos los tiempos

Soares, que acaba de festejar en Río de Janeiro los 91 y sigue siendo una artista con proyectos, aunque parezca mentira, comenzó aquella relación en enero de 1962, más que fogueada en los dolores: tenía 31 años, era viuda desde sus 21 y había criado cinco hijos en un ambiente cargado de machismos y excesos, muy lejos de las postales del Brasil en que todo parece estar siempre bien.

Elza Soares con Garincha despues del Mundial 1958Elza Soares con Garincha despues del Mundial 1958.

Garrincha, que había sido clave en 1958, en el Mundial ganado por Brasil en Suecia, resultó la máxima estrella del Mundial Chile 1962, en que Pelé fue lesionado por una patada artera: casi medio siglo después los videos de sus genialidades siguen cautivando en Youtube a los futboleros que ahondan en las historias de los más grandes de todos los tiempos.

La relación formal duró quince años, con Elsa en el medio de una tormenta de críticas, ya que la acusaban de llevar por el camino de la noche a un hombre con una debilidad psicológica estructural muy marcada, que parecía convertir en milagro el hecho de que hubiese llegado a ser un notabilísimo deportista profesional, y que en rigor no podía domar sus impulsos.

Manuel Francisco Dos Santos debía su apodo a uno de sus muchos hermanos: Garrincha es el nombre que tiene en Brasil un pájaro (Troglodytes musculus) que vive en las selvas del Mato Grosso, cuyas características son la velocidad y la torpeza, que hacen que pueda ser atrapado muy fácilmente, aunque no resista el cautiverio.

Técnicamente, aquel endiablado puntero no podría haber jugado al futbol en serio: había sufrido poliomielitis, tenía los pies girados 80 grados hacia adentro, su pierna derecha era seis centímetros más corta que la izquierda, tenía torcida la columna vertebral, fumaba desde los 10 años y bebía en exceso desde los 14.

Pero su defecto en el pie derecho parecía amparar su gran virtud, ya que sus gambetas y amagues eran completamente indescifrables y terminaron dejando en ridículo hasta a expertos como aquel psicólogo que contrató para su “caso” la Confederación Brasileña de Futbol, el profesor João de Carvalahaes, que dictaminó que se trababa de "un débil mental no apto para desenvolverse en un juego colectivo".

Una frase de otro de los grandes gambeteadores de la historia del fútbol con graves problemas con los consumos –esa lista de la historia de los cracks que incluye también a los wings argentinos René Houseman y Orestes Omar Corbatta- define también la personalidad de Garrincha: George Best dijo: “Gasté un montón de dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto simplemente fueron malas inversiones”.

Elza Soares tapa de un disco históricoSu disco "Somos todos iguais" de 1985.

Los súper famosos Elza y Manuel se casaron en 1968, tras seis años de escándalos públicos -influyentes sectores religiosos los acusaban de “vivir en pecado” e incluso habían organizado un boicot a la carrera de ella- en el consultado de Bolivia en San Pablo, ya que él tenía un matrimonio legal anterior y aún no existían leyes de divorcio en Brasil.

El futbolista, que había defendido durante 14 temporadas la camiseta de Botafogo, comenzó luego del casamiento un triste peregrinaje que lo llevó sucesivamente entre 1966 y 1970 por Corinthians, Portuguesa, Junior de Colombia y Flamengo, tras lo cual aceptó una oferta para seguir su declinante carrera en el All Stars de París,

En 1983, de retorno al Brasil, ya casi terminaba la dictadura de 22 años iniciada en 1964, Elza dio por terminada la relación, cansada de la violencia, muy poco antes de la muerte del ídolo deportivo, por "congestión pulmonar, pancreatitis y pericarditis, todo dentro del cuadro clínico de alcoholismo crónico", según el certificado de defunción.

“Vivimos entre el dolor y el deseo hasta el final”, resumió ella en una entrevista hace poco tiempo, ya que no hay forma alguna de que el periodismo la separe de la sombra de aquel crack, que tuvo en total 14 hijos, solo uno con ella, tantas amantes que nadie sabe exactamente cuántas fueron y dilapidó en distintos vicios todo el dinero que ganó, si se tiene en cuenta que murió en la miseria.

La historia de Soares empezó a tomar ribetes de increíbles luego de la separación: tras la pérdida de su hijo Garrinchinha en un accidente de tránsito, una década antes había pasado lo mismo con su madre, experimentó una fuerte depresión, seguida de un intento de suicidio, y tomó una decisión que parecía final: se propuso vivir en Europa y Estados Unidos, lejos de las tentaciones de la nostalgia y los recuerdos.

Volvió a residir en Brasil en 1994 y cuando nadie apostaba un centavo por su maltrecha carrera artística, su tozudo intento por combinar la música de los años de su esplendor físico con los sonidos de las nuevas generaciones le otorgó a su carrera un plus impensado: retomó su condición de estrella ya septuagenaria, aggiornando completamente su estética.

En 2000, a los 70 años fue definida como la "Mejor Cantante del Universo" por la BBC de Londres, cuando se presentó en un concierto junto a una pléyade de sus admiradores famosos, entre ellos Gal Costa, Chico Buarque, Gilberto Gil, Caetano Veloso y Virgínia Rodrigues, antes de estrenar en Río una serie de shows de vanguardia, dirigidos por José Miguel Wisnik.

 Un año antes había sufrido, tras una caída, una lesión en la cadera que le impidió seguir bailando sobre los escenarios y quince después moriría de una infección urinaria otro de sus hijos, ahora uno del primer matrimonio, que había tenido cuando era menor de edad, pero nada de eso la detuvo: se había convertido en una mujer resistente a todos los dolores imaginables.

En 2002 el álbum, “Do Cóccix Até O Pescoço”, recibido con grandes elogios por la prensa, le posibilitó una candidatura al Grammy. En 2004 lanzó “Vivo Feliz”, combinando samba y bossa con música electrónica. y en 2007 abrió los Juegos Panamericanos interpretando el Himno Nacional Brasilero en el estadio Maracanã.

En 2015, a los 85 abriles, publicó “A Mulher Do Fin Fo Mundo”, una obra conceptual, que ganó el Grammy, plena de grandes canciones inéditas para hablar de tres temas en que resultó una experta, transformada ahora en un ícono de los feminismos: la violencia de género, el sexo y el ambiente de los bajos fondos brasileños: “A Mulher do Fim do Mundo”.

Mientras a los 91, Elza espera el fin de la pandemia para poder volver a cantar Mané, que en vida era llamado “La alegría del pueblo” o “El ángel de las piernas torcidas” no descansa en paz: hace algunos años sus restos óseos desaparecieron del cementerio de Pau Grande en Magé, en el estado de Río de Janeiro, donde desde hace décadas ya nadie iba a visitarlo.

Escrito por Carlos Polimeni
Buenos Aires, NA