En forma inesperada, un importante municipio húngaro dejó sin efecto una olvidada prohibición que regía desde hace casi 100 años para bailar el tango, al que se calificaba como una ofensa al gusto y la moral pública, por "propagar el erotismo y no el entretenimiento.

El levantamiento del veto adoptado por la ciudad de Pécs en 1922 fue impulsado por el concejal Tamás Horváth, quien descubrió que se lo mantenía de forma oficial y propuso anularlo en el marco de la celebración en la ciudad del 15 Encuentro Internacional del Baile, que incluye una Fiesta del Tango de Pécs.

La demostración de que la población desconocía que esta disciplina había sido descalificada por inmoral es que existen cinco academias de tango que ofertan normalmente sus servicios a los 140.000 habitantes de la localidad.

La prohibición de bailar el tango había sido impuesta contemporáneamente también al shimmy, el one-step o el foxtrot.



Pero con el tiempo los profesores de tango lograron que el cuestionamiento se relajara, al ofrecer enseñar una versión libre de cualquier carga erótica, a fin de evitar la censura por una supuesta ofensa "al gusto y la moral pública".

La reciente moción del consistorio, que fue respaldada por todos los partidos políticos del municipio, expresa simbólicamente su intención de que en el futuro todos puedan practicarlo sin limitaciones", "considerando que la ciudad de Pécs quiere popularizar el tango, bailado en todo el mundo, y enriquecer la ya multifacética cultura local".

La reivindicación del tango, aunque en la formalidad, ha sido considerada un logro en el marco de la corriente de acérrimo conservadorismo en Hungría que impone el partido nacionalista Fidesz del primer ministro Viktor Orban desde que ganó un tercer mandato en 2018 y los ataques verbales contra los homosexuales y la legislación se volvieron comunes.

Pécs intenta encaramarse entre las capitales del mundo que cultivan el género musical del dos por cuatro, como se considera a Nueva York, Parìs, Barcelona, Tokio, y por supuesto Buenos Aires.