Por Martín Sassone

Esta es una pequeña historia dentro de la gran historia del jazz. Es el relato de un momento mágico que recuperó la carrera de un genio. Es una buena síntesis del poder de la música.

Duke Ellington fue una especie de amo y señor del jazz durante 30 años: líder de la mejor orquesta, compositor inigualable, pianista brillante. Sus presentaciones en el célebre Cotton Club de Harlem, en Nueva York, se convirtieron en legendarias. Su Big Band sonaba a la perfección en radios de todo los Estados Unidos. Aparecía en tevé y conquistaba tanto al público de Broadway como al de Hollywood. Pero entre 1954 y 1955 comenzaron los problemas: su música ya no era tan requerida como antes y sus músicos, que se habían mantenido junto a él durante muchos años, comenzaron a dejar la formación. Todo eso repercutió en sus finanzas. Sus cuentas estaban en rojo y su ánimo por el piso.

Pero a mediados de 1956 tuvo su gran oportunidad. El empresario George Wein lo invitó a participar en la tercera edición del Festival de Jazz de Newport, que convocaba a gente de alto poder adquisitivo de la Costa Este. El 7 de julio, Ellington se presentó con su Big Band. Según cuenta Ken Burns en su magnífico documental sobre el jazz, antes de salir a escena Ellington arengó a sus músicos como nunca antes lo había hecho. Ya frente al público, presentaron una pieza llamada The Newport Festival Suite que tuvo una discreta recepción. Antes de que se aproximara el final, mucha gente comenzó a irse y Ellington lo notó. Fue entonces cuando empezaron a tocar el clásico Diminuendo and Crescendo in blue.

1966 Ellington - Diminuendo + Crescendo In Blue - Paul Gonsalves solo (Live Video)

Lentamente el swing fue ganando la escena y la gente que se estaba yendo regresó a sus asientos. Cuando el saxofonista Paul Goncalves comenzó su solo ya no habría marcha atrás. Una mujer rubia, muy sensual, no aguantó más el clamor del ritmo, se levantó y comenzó a bailar. Ellington percibió que algo mágico estaba ocurriendo y le hizo señas a Goncalves para que siguiera tocando. Y así lo hizo durante 27 coros. El resto del público se contagió de la música y de la mujer, y todo terminó como una gran fiesta a puro frenesí. Ellington confesó que, a pesar de las tres décadas que llevaba al frente de su banda, nunca le había pasado algo así. Fue un nuevo despertar para el viejo y carismático líder.

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Ese show fue editado en un disco bajo el nombre de Ellington at Newport, que se convirtió en su álbum más vendido de la historia. De todas maneras, la grabación de Diminuendo and Crescendo in blue no es completamente la original, sino que tuvieron que volver a grabarla por algunas cuestiones de sonido, aunque los murmullos de la gente que se escuchan de fondo si son los verdaderos.

Duke Ellington había escrito Diminuendo and Crescendo in blue en 1937. El tema se volvió un clásico en la década del cuarenta. Pero fue recién en 1951 cuando Goncalves se animó a pedirle al Duque que lo dejara improvisar un solo más extenso durante un show en el Birdland de Nueva York. Esa vuelta fueron 26 coros y la gente también estalló. Algunos especialistas dicen que fue aún más intenso y creativo que el de Newport, pero la historia tiene sus bemoles y tuvo que pasar lo que pasó para que esa canción se convirtiera en el puntapié para la recuperación de uno de los más grandes compositores de la historia de la música contemporánea.

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